Salen Juana Castrada y Teresa Repolla, labradoras: la una como desposada, que es la Castrada.

CASTRADA.

Aquí te puedes sentar, Teresa Repolla amiga, que tendremos el retablo en frente; y pues sabes las condiciones que han de tener los miradores del retablo, no te descuides, que seria una gran desgracia.

TERESA.

Ya sabes, Juana Castrada, que soy tu prima, y no digo mas. Tan cierto tuviera yo el cielo, como tengo cierto ver todo aquello que el retablo mostráre: por el siglo de mi madre, que me sacase los mismos ojos de mi cara, si alguna desgracia me aconteciese: ¡bonita soy yo para eso!

CASTRADA.

Sosiégate, prima, que toda la gente viene.

Entran el Gobernador, Benito Repollo, Juan Castrado, Pedro Capacho, el autor y la autora, y el músico, y otra gente del pueblo, y un sobrino de Benito, que ha de ser aquel gentil hombre que baila.

CHANFALLA.

Siéntense todos: el retablo ha de estar detrás de este repostero: y la autora tambien, y aquí el músico.