En las piernas y brazos.

TRAMPAGOS.

La sin dicha

Era un Aranjuez[23]: pero con todo

Hoy come en ella la que llaman tierra,

De las mas blancas y hermosas carnes,

Que jamás encerraron sus entrañas;

Y si no fuera porque habrá dos años

Que comenzó á dañársele el aliento,

Era abrazarla, como quien abraza