RECTOR.

Lea vuesa merced esa relacion, señor secretario.

(Saca el Secretario unos papeles y lee.)

SECRETARIO.

«Asimismo, hay aquí alguno que se pudre con los que tienen las narices muy grandes.»

RECTOR.

¡Válgale el diablo! Pues ¿qué le va á él en que el otro las tenga grandes ó pequeñas?

SECRETARIO.

Dice que suele un narigon destos pasar por una calle angosta, y que ocupa tanto la calle, que es menester ir de medio lado para que pasen los que van por ella; y fuera deste inconveniente, hay otro mayor, que es gastar pañizuelos disformes en tanta manera, que pueden servir de velas de navíos.

RECTOR.