¡La justicia! ¡Ay, triste de mí! que yo ando huido, y si me conocen me han de llevar á la cárcel.
SARMIENTO.
Pues señor, el remedio es meterse en esta estera vuestra merced, que las habian quitado para limpiarlas; y asi se podrá librar, que yo no hallo otro.
Métese en la estera Roldan, y salen Alguacil, Escribano y Corchete.
ALGUACIL.
¿Era para hoy el abrir esta puerta?
SARMIENTO.
¿Qué es lo que vuestra merced manda, que tan furioso viene?
ALGUACIL.
El señor gobernador manda que, no obstante que vuestra merced ha pagado los doscientos ducados de la cuchillada, venga vuestra merced á darle la mano á este hombre, y se abracen y sean amigos.