—¡Oh amor platónico! ¡Oh fregona ilustre! ¡Oh felicísimos tiempos los nuestros, donde vemos que la belleza enamora sin malicia, la honestidad enciende sin que abrase, el donaire da gusto sin que incite, y la bajeza del estado humilde obliga y fuerza á que le suban sobre la rueda de la que llaman fortuna! ¡Oh pobres atunes mios, que os pasais este año sin ser visitados deste tan enamorado y aficionado vuestro! Pero el que viene, yo haré la enmienda de manera que no se quejen de mí los mayorales de las mis deseadas almadrabas.
Á esto dijo Tomas:
—Ya veo, asturiano, cuán al descubierto te burlas de mí; lo que podias hacer es irte norabuena á tu pesquería, que yo me quedaré en mi casa, y aquí me hallarás á la vuelta; si quisieres llevarte contigo el dinero que te toca, luego te lo daré, y vé en paz, y cada uno siga la senda por donde su destino le guiare.
—Por mas discreto te tenia, replicó Lope; y ¿tú no ves que lo que digo es burlando? pero ya que sé que tú hablas de veras, de veras te serviré en todo aquello que fuere de tu gusto: una cosa sola te pido en recompensa de las muchas que pienso hacer en tu servicio, y es que no me pongas en ocasion de que la Argüello me requiebre ni solicite, porque ántes romperé con tu amistad, que ponerme á peligro de tener la suya: vive Dios, amigo, que habla mas que un relator, y que le huele el aliento á rasuras desde una legua: todos los dientes de arriba son postizos, y tengo para mí que los cabellos son cabellera, y para adobar y suplir estas faltas, despues que me descubrió su mal pensamiento, ha dado en afeitarse con albayalde, y así se jalbega el rostro, que no parece sino mascaron de yeso puro.
—Todo eso es verdad, replicó Tomas, y no es tan mala la gallega que á mí me martiriza: lo que se podrá hacer es, que esta noche sola estés en la posada, y mañana comprarás el asno que dices y buscarás dónde estar, y así huirás los encuentros de la Argüello, y yo quedaré sujeto á los de la gallega y á los irreparables de los rayos de la vista de mi Costanza.
En esto se convinieron los dos amigos, y se fueron á la posada, adonde de la Argüello fué con muestra de mucho amor recebido el asturiano. Aquella noche hubo un baile á la puerta de la posada de muchos mozos de mulas, que en ella y en las convecinas habia. El que tocó la guitarra fué el asturiano: las bailadoras, amen de las dos gallegas y de la Argüello, fueron otras tres mozas de otra posada: juntáronse muchos embozados con mas deseo de ver á Costanza que el baile; pero ella no pareció ni salió á verle, con que dejó burlados muchos deseos.
De tal manera tocaba la guitarra Lope, que decian que la hacia hablar. Pidiéronle las mozas, y con mas ahinco la Argüello, que cantase algun romance: él dijo que como ellas le bailasen al modo como se canta y baila en las comedias, que le cantaria, y que para que no lo errasen, que hiciesen todo aquello que él dijese cantando, y no otra cosa.
Habia entre los mozos de mulas bailarines, y entre las mozas ni mas ni ménos. Mondó el pecho Lope escupiendo dos veces, en el cual tiempo pensó lo que diria, y como era de presto, fácil y lindo ingenio, con una felicísima corriente, de improviso comenzó á cantar desta manera.
Salga la hermosa Argüello
Moza, una vez y no mas,