¡Qué de veces ha intentado

Aquesta noble señora

Con la alegre zarabanda,

El pésame, y perra mora,

Entrarse por los resquicios

De las casas religiosas,

Á inquietar la honestidad

Que en las santas celdas mora!

¡Cuántas fué vituperada

De los mismos que la adoran!