Berganza. Desa manera no haré yo mucho en tener por señal portentosa lo que oí decir los dias pasados á un estudiante, pasando por Alcalá de Henáres.

Cipion. ¿Qué le oiste decir?

Berganza. Que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel año en la universidad, los dos mil oian medicina.

Cipion. Pues ¿qué vienes á inferir deso?

Berganza. Infiero, ó que estos dos mil médicos han de tener enfermos que curar (que seria harta plaga y mala ventura), ó ellos se han de morir de hambre.

Cipion. Pero sea lo que fuere, nosotros hablamos, sea portento ó no, que lo que el cielo tiene ordenado que suceda, no hay diligencia ni sabiduría humana que lo pueda prevenir: y así no hay para qué ponernos á disputar nosotros cómo ó por qué hablamos: mejor será que este buen dia ó buena noche la metamos en nuestra casa, y pues la tenemos tan buena en estas esteras, y no sabemos cuánto durará esta nuestra ventura, sepamos aprovecharnos della, y hablemos toda esta noche, sin dar lugar al sueño que nos impida este gusto, de mí por largos tiempos deseado.

Berganza. Y aun de mí, que desde que tuve fuerzas para roer un hueso, tuve deseo de hablar para decir cosas que depositaba en la memoria, y allí de antiguas y muchas, ó se enmohecian, ó se me olvidaban; empero ahora, que tan sin pensarlo me veo enriquecido deste divino don de la habla, pienso gozarle y aprovecharme dél lo mas que pudiere, dándome priesa á decir todo aquello que se me acordare, aunque sea atropellada y confusamente, porque no sé cuándo me volverán á pedir este bien, que por prestado tengo.

Cipion. Sea esta la manera, Berganza amigo, que esta noche me cuentes tu vida, y los trances por donde has venido al punto en que ahora te hallas; y si mañana en la noche estuviéremos con habla, yo te contaré la mia, porque mejor será gastar el tiempo en contar las propias, que en procurar saber las ajenas vidas.

Berganza. Siempre, Cipion, te he tenido por discreto y por amigo, y ahora mas que nunca, pues como amigo quieres decirme tus sucesos y saber los mios, y como discreto has repartido el tiempo, donde podamos manifestallos; pero advierte primero, si nos oye alguno.

Cipion. Ninguno, á lo que creo, puesto que aquí cerca está un soldado tomando sudores; pero en esta sazon mas estará para dormir que para ponerse á escuchar á nadie.