Á no ser en servicios vigilante.
Apénas se habia acabado de cantar este descomulgado soneto, cuando un bellacon de los circunstantes, graduado in utroque, dijo á otro que al lado tenia, con voz levantada y sonora:
—¡Voto á tal, que no he oido mejor estrambote en los dias de mi vida! ¡Ha visto usted aquel concordar de versos, aquel jugar del vocablo con el nombre de la dama, y aquella invocacion de Cupido, y aquel gallardo tan bien encajado, y los años de la niña tan bien engeridos, con aquella comparacion tan bien contrapuesta y traida de pequeña á gigante! ¡Pues ya la maldicion ó imprecacion me digan, con aquel admirable y sonoro vocablo de leña! ¡Juro á tal, que si conociera al poeta que tal soneto compuso, que le habia de enviar mañana media docena de chorizos que me trajo esta mañana el recuero de mi tierra!
Por sola la palabra chorizos se persuadieron los oyentes ser el que las alabanzas decia estremeño sin duda, y no se engañaron; porque se supo despues que era de un lugar de Estremadura que está junto á Jaraicejo; y de allí adelante quedó en opinion de todos por hombre docto y versado en el arte poética, solo por haberle oido desmenuzar tan en particular el cantado y descomunal soneto.
Á todo lo cual se estaban las ventanas de la casa muy cerradas como su madre las parió, de lo que no poco se desesperaban los dos esperantes manchegos; pero con todo eso, al son de las guitarras segundaron á tres voces con el siguiente romance, asimismo hecho aposta y por la posta para el propósito.
Salid, Esperanza mia,
Á favorecer el alma
Que sin vos agonizando
Casi el cuerpo desampara.
Las nubes del temor frio