—Bueno, sonetico tenemos, cese el baile, y escúchenle, que segun el primer verso, en verdad que no es nada necio.

Pesóle á Preciosa, por no saber lo que en él venia, y rogó que no le leyesen y que se le volviesen, y todo el ahinco que en esto ponia, eran espuelas que apremiaban el deseo de Andres para oirle. Finalmente, el caballero le leyó en alta voz, y era este:

Cuando Preciosa el panderete toca,

Y hiere el dulce son los aires vanos,

Perlas son que derrama con las manos,

Flores son que despide de la boca:

Suspensa el alma, y la cordura loca

Queda á los dulces actos sobrehumanos,

Que de limpios, de honestos y de sanos

Su fama al cielo levantado toca.