—¿Qué tienes, D. Juan, que parece que te vas á desmayar, segun se te ha mudado el color?
—Espérense, dijo á esta sazon Preciosa, déjenmele decir unas ciertas palabras al oido, y verán cómo no se desmaya.
Y llegándose á él le dijo casi sin mover los labios:
—¡Gentil ánimo para jitano! ¿cómo podréis, Andres, sufrir el tormento de toca, pues no podeis llevar el de un papel?
Y haciéndole media docena de cruces sobre el corazon, se apartó dél; y entónces Andres respiró un poco, y dió á entender que las palabras de Preciosa le habian aprovechado.
Finalmente, el doblon de dos caras se le dieron á Preciosa; y ella dijo á sus compañeras que le trocaria y repartiria con ellas hidalgamente. El padre de Andres le dijo que le dejase por escrito las palabras que habia dicho á D. Juan, que las queria saber en todo caso. Ella dijo que las diria de muy buena gana, y que entendiesen que aunque parecian cosa de burla, tenian gracia especial para preservar del mal el corazon y los vaguidos de cabeza, y que las palabras eran:
Cabecita, cabecita,
Tente en tí, no te resbales,
Y apareja dos puntales
De la paciencia bendita.