Seis días se pasaron sin que saliese de casa, si no era de noche, que iba a ver a Tomás y a preguntarle del estado en que se hallaba, el cual le contó que no había podido hablar una sola palabra con Costanza. Lope le contó a él la priesa que le daban los muchachos pidiéndole la cola, porque él había pedido la de su asno, con que hizo el famoso esquite. Aconsejóle Tomás que no saliese de casa, a lo menos, sobre el asno, y que si saliese, fuese por calles solas y apartadas, y que cuando esto no bastase, bastaría dejar el oficio, último remedio de poner fin a tan poco honesta demanda. Retiróse, con esto, a su posada Lope, con determinación de no salir della en otros seis días, a lo menos, con el asno.

Las once serían de la noche, cuando de improviso y sin pensarlo vieron entrar en la posada muchas varas de justicia y, al cabo, el Corregidor. Alborotóse el huésped, y aun los huéspedes; porque así como los cometas cuando se muestran siempre causan temores de desgracias e infortunios, ni más ni menos la justicia, cuando de repente y de tropel se entra en una casa, sobresalta y atemoriza hasta las conciencias no culpadas. Entróse el Corregidor en una sala, y llamó al huésped de casa, el cual vino temblando a ver lo que el señor Corregidor quería. Y así como le vió el Corregidor, le preguntó con mucha gravedad:

--¿Sois vos el huésped?

--Sí, señor --respondió él--; para lo que vuesa merced me quisiere mandar.

Mandó el Corregidor que saliesen de la sala todos los que en ella estaban y que le dejasen solo con el huésped. Hiciéronlo así, y quedándose solos, dijo el Corregidor al huésped:

--¿Dónde está una muchacha que dicen que sirve en esta casa, tan hermosa, que por toda la ciudad la llaman la ilustre fregona?

--Señor --respondió el huésped--, esa fregona ilustre que dicen es verdad que está en esta casa; pero ni es mi criada, ni deja de serlo. --No entiendo lo que decís, huésped, en eso de ser y no ser vuestra criada la fregona.

--Yo he dicho bien --añadió el huésped--; y si vuesa merced me da licencia, le diré lo que hay en esto, lo cual jamás he dicho a persona alguna.

--Primero quiero ver a la fregona que saber otra cosa; llamadla acá --dijo d Corregidor.

Asomóse el huésped a la puerta de la sala, y dijo: