Salen el ALCALDE y REDONDO, escribano, y PEDRO.

ALC. ¡Oh valientes regidores!
RED. Siéntense vuesas mercedes.
ALC. Sin ceremonia, señores.
TAR. En cortés exceder puedes
A los corteses mayores.
ALC. Siéntese aquí el escribano,
Y a mi izquierda y diestra mano
Los regidores estén;
Y tú, Pedro, estarás bien
A mis espaldas.
PEDR. Es llano.
Aquí en tu capilla están
Las sentencias suficientes
A cuantos pleitos vendrán,
Aunque nunca pares mientes
A la relación que harán.
Y si alguna no estuviere,
A tu asesor te refiere;
Que yo lo seré de modo
Que te saque bien de todo,
Y sea lo que se fuere.
RED. ¿Quieren algo, señores?
LAG. Sí querríamos.
RED. Pues digan, que aquí está el señor alcalde,
Que les hará justicia rectamente.
ALC. Perdónemelo Dios lo que ahora digo,
Y no me sea tomado por soberbia:
Tan tiestamente pienso hacer justicia,
Como si fuese un sonador romano.
RED. Senador, Martín Crespo.
ALC. Allá va todo.
Digan su pleito apriesa y brevemente;
Que apenas me le habrán dicho, en mi ánima,
Cuando les dé sentencia rota y justa.
RED. Recta, señor alcalde.
ALC. Allá va todo.
HORN. Prestóme Lagartija tres reales;
Volvíle dos; la deuda queda en uno,
Y él dice que le debo cuatro justos:
Este es el pleito, brevedad, y dije.
¿Es aquesto verdad, buen Lagartija?
LAG. Verdad; pero yo hallo por mi cuenta,
O que yo soy un asno, o que Hornachuelos
Me queda a deber cuatro.
ALC. ¡Bravo caso!
LAG. No hay más en nuestro pleito, y me rezumo
En lo que sentenciare el señor Crespo.
RED. Rezumo por resumo: allá va todo.
ALC. ¿Qué decís vos a esto, Hornachuelos?
HORN. No hay que decir: yo en todo me arremeto
Al señor Martín Crespo.
RED. Me remito,
Pese a mi abuelo.
ALC. Dejadle que arremeta;
¿Qué se os da a vos, Redondo?
RED. A mí nonada.
ALC. Pedro, sácame, amigo, una sentencia
Desa capilla, la que está más cerca.
RED. Antes de ver el pleito ¿hay ya sentencia?
ALC. Ahí se podrá ver quién es Callejas.
PEDR. Léase esta sentencia, y punto en boca.
RED. "En el pleito que tratan N. y F..."
PEDR. Zutano con Fulano significan
La N. con la F. entre dos puntos.
RED. Así es verdad, y digo, "que en el pleito
Que trata este Fulano con Zutano,
Que debo condenar, fallo y condeno
Al dicho puerco de Zutano a muerte,
Porque fué matador de la criatura
Del ya dicho Fulano". Yo no atino
Qué disparate es éste deste puerco,
Y de tantos Fulanos y Zutanos;
Ni sé cómo es posible que esto cuadre
Ni esquine con el pleito de estos hombres.
ALC. Redondo está en lo cierto: Pedro amigo,
Mete la mano y saca otra sentencia;
Podría ser que fuese de provecho.
PEDR. Yo, que soy asesor vuestro, me atrevo
De dar sentencia luego cual convenga.
LAG. Por mí, mas que la dé un jumento nuevo.
SANCH. Digo que el asesor es extremado.
HORN. Sentencia, norabuena.
ALC. Pedro, vaya,
Que en tu magín mi honra deposito.
PEDR. Deposite primero Hornachuelos,
Para mí el asesor, doce reales.
HORN. Pues sola la mitad importa el pleito.
PEDR. Así es verdad; que Lagartija el bueno
Tres reales de a dos os dió prestados,
Y destos le volvistes dos sencillos,
Y por aquesta cuenta debéis cuatro,
Y no, cual decís vos, no más de uno.
LAG. Ello es ansí, sin que le falte cosa.
HORN. No lo puedo negar, vencido quedo,
Y pagaré los doce con los cuatro.
RED. Ensúciome en Catón y en Justiniano,
¡Oh Pedro de Urde, montañés famoso,
Que así lo muestra el nombre y el ingenio!
HORN. Yo voy por el dinero, y voy corrido.
LAG. Yo me contento con haber vencido.

Entranse LAGARTIJA y HORNACHUELOS.

Salen CLEMENTE y CLEMENCIA, hija de Martín Crespo, como pastor y pastora, embozados.

CLEM. Permítase que hablemos embozados
Ante tan justiciero ayuntamiento.
ALC. Mas que habléis en un costal atados,
Porque a oír, y no a ver, aquí me siento.
CLEM. Los siglos, que renombre de dorados
Les dió la antigüedad, con justo intento,
Ya se ven en los nuestros, pues que vemos
En ellos de justicia los extremos.
Vemos un Crespo alcalde.
ALC. Dios os guarde.
Dejad aquesas lonjas a una parte.
RED. Lisonjas decir quiso.
ALC. Y porque es tarde,
De vuestro intento en breve nos dad parte.
CLEM. Con verdadera lengua, cierto alarde
Hace de lo que quiero, parte a parte.
ALC. Decid; que ni soy sordo, ni lo he sido.
CLEM. Desde mis tiernos años,
De mi fatal estrella conducido.
Sin las nubes de engaños,
El sol, que en este velo está escondido,
Miré para adoralle,
Porque esto hizo el que llegó a miralle.
Sus rayos se imprimieron
En lo mejor del alma, de tal modo,
Que en sí la convirtieron.
Todo soy fuego, yo soy fuego todo,
Y con todo, me hielo,
Si el sol me falta, que me eclipsa un velo.
Grata correspondencia
Tuvo mi justo y mi cabal deseo;
Que amor me dió licencia
A hacer de mi alma rico empleo.
En fin, esta pastora,
Así como la adoro, ella me adora.
A hurto de su padre,
Que es de su libertad duro tirano,
Que ella no tiene madre,
De esposa me entregó la fe y la mano
Y agora, temerosa
Del padre, no confiesa ser mi esposa.
Teme que el padre rico
Se afrente de mi humilde medianía,
Porque hace el pellico
Al monje en esta edad de tiranía.
El me sobra en riqueza,
Pero no en la que da naturaleza.
Como él, yo soy tan bueno:
Tan rico no; y a su riqueza igualo
Con estar siempre ajeno
De todo vicio perezoso y malo,
Y entre buenos es fuero
Que valga la virtud más que el dinero.
Pido que ante ti vuelva
A confirmar el sí de ser mi esposa,
Y en serlo se resuelva,
Sin estar de su padre temerosa,
Pues que no aparta el hombre
A los que Dios juntó en su gracia y nombre.
ALC. ¿Qué respondéis a esto,
Sol, que entre nubes se cubrió a deshora?
CLEM. Su proceder honesto
La tendrá muda, por mi mal, agora;
Pero señales puede
Hacer, con que su intento claro quede.
ALC. ¿Sois su esposa, doncella?
PEDR. La cabeza bajó; señal bien clara
Que no lo niega ella.
SANCH. Pues ¿en qué, Martín Crespo, se repara?
ALC. En que de mi capilla
Se saque la sentencia, y en oílla.
Pedro, sácala al punto.
PEDR. Yo sé que ésta saldrá pintiparada,
Porque, a lo que barrunto,
Siempre fué la verdad acreditada
Por atajo o rodeo,
Y esta sentencia lo dirá que leo.

Saca un papel de la capilla, y léele Pedro.

"Yo, Martín Crespo, alcalde, determino
Que sea la pollina del pollino."
RED. Vaso de suertes es vuestra capilla:
Y ésta que ha sido agora pronunciada,
Aunque es para entre bestias, maravilla,
Y aun da muestras de ser cosa pensada.
CLEM. El alma en Dios, y en tierra la rodilla,
La vuestra besaré, como a extremada
Coluna que sustenta el edificio
Donde moran las ciencias y el juicio.
ALC. Puesto que redundara esta sentencia,
Hijo, en haberos dado el alma mía,
Porque no es otra cosa mi Clemencia,
Me fuera de gran gusto y alegría;
Y alégrenos agora la presencia
Vuestra, que está en razón y en cortesía,
Pues ya lo desleído y sentenciado
Será sin duda alguna ejecutado.
CLEM. Pues con ese seguro, padre mío,
El velo quito y a tus pies me postro.
Mal haces en usar deste desvío,
Pues soy tu hija y no espantable monstro;
Tú has dado la sentencia a tu albedrío,
Y si es injusta, es bien que te dé en rostro;
Pero si justa es, haz que se apruebe,
Con que a debida ejecución se lleve.
ALC. Lo que escribí, escribí: bien dices, hija;
Y así, a Clemente admito por mi hijo,
Y el mundo deste proceder colija,
Que más por ley que por pasión me rijo.
SANCH. No hay alma aquí que no se regocija
De vuestro no pensado regocijo.
TAR. Ni lengua que a Martín Crespo no alabe
Por hombre ingeniosísimo y que sabe.