—Bien digo yo, que tú eres un pintor científico...
—Y tú un médico artista, no es eso?
—Peor que un pintor científico... literato! Cuida de no hacer con el pincel literatura!
—Gracias por el consejo.
—Y cuál va a ser el asunto de tu cuadro?
—La muerte de Abel por Caín, el primer fratricidio.
Joaquín palideció aún más, y mirando fijamente a su primer amigo, le preguntó a media voz:
—Y cómo se te ha ocurrido eso?
—Muy sencillo—contestó Abel sin haberse percatado del ánimo de su amigo;—es la sugestión del nombre. Como me llamo Abel... Dos estudios de desnudo...