Podría aquí extenderme—llenando mi objeto de tal manera—acerca de cómo en la edad media, en la época en que se levantaron las soberbias fábricas de las catedrales góticas, artista y artesano eran una sola y misma cosa y cómo el arte brotó del oficio, mas es esta una materia que puede verse desarrollada en muchos tratados especiales. Sólo quiero desarrollar brevemente un principio que oí asentar en cierta ocasión á don Fulgencio y es el de que así como el arte surgió del oficio, así todo oficio debe reverter al arte, y si en un principio fueron la pintura, la música y la literatura algo utilitario, tienen que llegar á ser la carpintería, la labranza, la sastrería, la veterinaria, etc., artes bellas. Don Fulgencio que, como habrá adivinado el lector, pasó por su temporada de hegelianismo, tomó gusto á las fórmulas del maestro Hegel y solía decir que el oficio era la tesis, la oposición entre oficio y arte la antétesis, y el arte sólo la síntesis ó bien que es el oficio la primitiva homogeneidad en que se cumple luego la diferenciación de oficio y arte, para que lleguemos al cabo á la integración artística.

Todo tiene, en efecto, un origen utilitario y sabido es que el cerebro mismo podría sostenerse que proviene del estómago; no la curiosidad sino la necesidad de saber para vivir es lo que originó la ciencia. Mas luego ocurre que lo en un principio útil deja de serlo y queda como adorno, como recuerdo de pasada utilidad, como esperanza de utilidad futura tal vez, y de aquí el que haya dicho un pensador británico—no recuerdo ahora cuál—que la belleza es ahorro de utilidad. La belleza, añado, es recuerdo y previsión de utilidad.

Las artes llamadas bellas surgieron de actividades utilitarias, de oficio, y así puede sostenerse que los primeros versos se compusieron, antes de la invención de la escritura, para mejor poder confiar á la memoria sentencias y aforismos útiles, de lo que nos dan buena muestra los actuales refranes. Y así diremos que composiciones poéticas como esta

El que quiera andar siempre muy bueno y sano

La ropa del invierno lleve en verano;

ó la de

Hasta el cuarenta de mayo

Nunca te quites el sayo;

ó la de