Todo lo que á los seres orgánicos se refiere está, en efecto, de tal modo dispuesto y trazado que se vea nuestra pobre y flaca razón llevada naturalmente y como de la mano á caer en los errores del trasformismo. Paralelismo entre el desarrollo del embrión y la serie zoológica, órganos atrofiados, casos de atavismo, todo se halla ordenado á inducirnos á error. Es evidente que mirada la cosa á la luz de la sola razón, no hay más remedio que caer en el trasformismo, pues este solo nos explica la diversidad de especies y su diversidad de formas. La ciencia es implacable y no sirve quererla resistir. La razón cae y tiene que caer naturalmente en el trasformismo si la fe no la sostiene sobrenaturalmente.
Pero llegará el último día, el día del juicio, aquel en que nos veremos todos las caras, el día en que los ignorantes confundirán á los sabios y aquel día oiremos que se les dice á nuestros flamantes sabios modernos:
«Sí, es verdad, todo estaba trazado y dispuesto para haceros creer en que unas especies provenían de otras mediante trasformación, incluso el hombre provenir de una especie de mono; todo llevaba vuestra razón naturalmente y como por irresistible fuerza á tal creencia, pero era ¡ay! para probar vuestra fe y ver si creíais más á vuestra pobre, flaca y soberbia razón que no á palabras que por infalibles debíais tener. Cierto es también que apóstoles del error y de la mentira os hablaron de cierta quisicosa que llamaban revelación natural y de que Dios habla por sus obras y de que es la naturaleza su palabra, su verbo, y de que El os enseñaba el trasformismo y de que era esta una doctrina profundamente religiosa y piadosa en cuanto mostraba al hombre una indefinida ascensión de mejora, pero todo eso eran trampas que se os ponía para probar vuestra fe. Y así como á Faraón se le endureció el corazón y una vez con el corazón endurecido no respondió cuando se le llamaba y fué por ello castigado, así se os castigará ahora por haber creído antes á vuestra razón que no á antiquísimas y venerandas palabras.» Y sonará la fatídica trompeta.
Tal es, sin duda alguna, el hondo sentido de ese moderno y perniciosísimo error que se llama trasformismo, añagaza que á la razón se le antepone. Mas á nosotros debe apartarnos de él la asidua y cuidadosa contemplación de las perfecciones que la cocotte ó pajarita de papel atesora...
Aquí termina bruscamente el manuscrito de los Apuntes para un tratado de cocotología del ilustre don Fulgencio, y es lástima que este nuestro primer cocotólogo, el primero en orden de tiempo y de preminencia, no haya podido llevar á cabo su proyecto de escribir en definitiva un tratado completo de la nueva ciencia. Me ha asegurado que piensa refundirla en su gran obra de Ars magna combinatoria, y aun parece ser que fué la cocotología lo que primero le sugirió tan considerable monumento de sabiduría.