—Para mí, sí. Vivo en perpetuo sobresalto, temiéndolo todo.
—¡Bah! no será al fin nada. La Naturaleza es sabia.
—Pero tantas veces va el cántaro a la fuente...
—¡Ay, hijo, todo tiene sus riesgos y todo estado sus contrariedades!
Ramiro se sobrecojía al oirse llamar hijo por su cuñada, que rehuía darle su nombre, mientras él en cambio se complacía en llamarla por el familiar Tula.
—¡Qué bien has hecho en no casarte, Tula!
—¿De veras?—y levantando los ojos se los clavó en los suyos.
—De veras, sí. Todo son trabajos y aun peligros...
—¿Y sabes tú acaso si no me he de casar todavía?
—Claro. ¡Lo que es por la edad!