—He visto la carta y la esperaba.
—Y bien, ¿qué te parece de Ramiro?
—No le conozco.
—Pero no hace falta conocer a un hombre para decir lo que le parece a una de él.
—A mí, sí.
—Pero lo que se ve, lo que está a la vista...
—Ni de eso puedo juzgar sin conocerle.
—¿Es que no tienes ojos en la cara?
—Acaso no los tenga así...; ya sabes que soy corta de vista.
—¡Pretextos! Pues mira, chica, es un guapo mozo.