—De modo que tú...

—Pues ¡claro está, rica, claro está!

—Hombre al fin y al cabo.

—No tanto como tú quisieras, según te explicas. Pero ven acá...

—Vamos, déjame, Mauricio; ya te he dicho cien veces que no seas...

—Que no sea cariñoso...

—¡No, que no seas... bruto! Estate quieto. Y si quieres más confianzas sacude esa pereza, busca de veras trabajo, y lo demás ya lo sabes. Conque, a ver si tienes juicio, ¿eh? Mira que ya otra vez te di una bofetada.

—¡Y bien que me supo! ¡Anda, rica, dame otra! Mira, aquí tienes mi cara...

—No lo digas mucho...

—¡Anda, vamos!