—¡Anda, habla!
—Por todo lo que yo sé y lo que te he oído, ese pobre don Augusto es un panoli, un pobre diablo; vamos, un...
—¡Anda, sigue!
—Pero no te me incomodarás.
—¡Que sigas te he dicho!
—Es, pues, como venía diciéndote, un... predestinado. Y acaso lo mejor sea no sólo que aceptes eso de tu casa, sino que...
—Vamos, ¿qué?
—Que le aceptes a él por marido.
—¿Eh?—y se puso ella en pie.
—Le aceptas, y como es un pobre hombre, pues... todo se arregla...