—Y creo que no lo crea.
—Después... después me encargó que averiguase yo de usted con diplomacia...
—Y la mejor diplomacia, señora, es no tenerla, y sobre todo conmigo...
—Después me rogó que averiguase si le molestaría a usted el que ella aceptase, sin compromiso alguno, el regalo que usted le ha hecho de su propia casa...
—¿Cómo sin compromiso?
—Vamos, sí, el que acepte el regalo como tal regalo.
—Si como tal se lo doy, ¿cómo ha de aceptarlo?
—Porque dice que sí, que está dispuesta, para demostrarle su buena voluntad y lo sincero de su arrepentimiento por lo que le dijo, a aceptar su generosa donación, pero sin que eso implique...
—¡Basta, señora, basta! Ahora parece que sin darse cuenta vuelven a ofenderme...
—Será sin intención...