desuncidos espíritu y materia,
perderíame en brumas celestiales
y del profundo en la voraz tiniebla!
—¿Qué te parecen?—le preguntó Augusto luego que se los hubo leído.
—Como mi piano, poco o nada musicales. Y eso de «según dicen...»
—Sí, es para darle familiaridad...
—Y lo de «dulce Eugenia» me parece un ripio.
—¿Qué? ¿que eres un ripio tú?
—¡Ahí, en esos versos, sí! Y luego todo eso me parece muy... muy...
—Vamos, sí, muy nivolesco.