—Y ¿qué tiene que ver? Estas cosas no se hacen así. ¡No se engaña así a un hombre!
—¡Al otro no le ha engañado!—dijo fríamente Augusto, y después de haberlo dicho se aterró de la frialdad con que lo dijera.
—Pero le engañará... le engañará... ¡no lo dude usted!
Augusto sintió un placer diabólico al pensar que Eugenia engañaría al cabo a Mauricio, «Pero no ya conmigo», se dijo muy bajito, de modo que apenas si se oyese a sí mismo.
—Bueno, señores, lamento lo sucedido, y más que nada por su sobrina, pero debo retirarme.
—Usted comprenderá, don Augusto, que nosotros...—empezó doña Ermelinda.
—¡Claro! ¡claro! Pero...
Aquello no podía prolongarse. Augusto, después de breves palabras más, se salió.
Iba aterrado de sí mismo y de lo que le pasaba, o mejor aún, de lo que no le pasaba. Aquella frialdad, al menos aparente, con que recibió el golpe de la burla suprema, aquella calma le hacía que hasta dudase de su propia existencia. «Si yo fuese un hombre como los demás—se decía—, con corazón; si fuese siquiera un hombre; si existiese de verdad, ¿cómo podía haber recibido esto con la relativa tranquilidad con que lo recibo?» Y empezó, sin darse de ello cuenta, a palparse, y hasta se pellizcó para ver si lo sentía.
De pronto sintió que alguien le tiraba de una pierna. Era Orfeo, que le había salido al encuentro, para consolarlo. Al ver a Orfeo sintió, ¡cosa extraña!, una gran alegría, lo tomó en brazos y le dijo: «¡Alégrate, Orfeo mío, alégrate! ¡alegrémonos los dos! ¡Ya no te echan de casa; ya no te separan de mí; ya no nos separan al uno del otro! Viviremos juntos en la vida y en la muerte. No hay mal que por bien no venga, por grande que el mal sea y por pequeño que sea el bien, o al revés. ¡Tú, tú eres fiel, Orfeo mío, tú eres fiel! Yo ya supongo que algunas veces buscarás tu perra, pero no por eso huyes de casa, no por eso me abandonas; tú eres fiel, tú. Y mira, para que no tengas nunca que marcharte, traeré una perra a casa, sí, te la traeré. Porque ahora, ¿es que has salido a mi encuentro para consolar la pena que debía tener o es que me encuentras al volver de una visita a tu perra? De todos modos, tú eres fiel, tú, y ya nadie te echará de mi casa, nadie nos separará».