Empezó la partida.
—¡Veinte en copas!—cantó Domingo.
—¡Decidme!—exclamó Augusto de pronto—. ¿Y si yo me casara?
—Muy bien hecho, señorito—dijo Domingo.
—Según y conforme—se atrevió a insinuar Liduvina, su mujer.
—Pues ¿no te casaste tú?—le interpeló Augusto.
—Según y conforme, señorito.
—¿Cómo según y conforme? Habla.
—Casarse es muy fácil; pero no es tan fácil ser casado.
—Eso pertenece a la sabiduría popular, fuente de...