—Pues se conoce... se conoce en que hace y dice muchas tonterías. Cuando un hombre se enamora de veras, se chala, vamos al decir, por una mujer, ya no es un hombre...
—Pues ¿qué es?
—Es... es... es... una cosa, un animalito... Una hace de él lo que quiere.
—Entonces, cuando una mujer se enamora de veras de un hombre, se chala, como dices, ¿hace de ella el hombre lo que quiere?
—El caso no es enteramente igual...
—¿Cómo, cómo?
—Eso es muy difícil de explicar, señorito. Pero ¿está usted de veras enamorado?
—Es lo que trato de averiguar. Pero tonterías, de las gordas, no he dicho ni hecho todavía ninguna... me parece...
Liduvina se calló, y Augusto se dijo: «¿Estaré de veras enamorado?»