—¡Querer comprarme! ¡querer comprarme a mí!
—Pero si no es eso, Eugenia, si no es eso. Lo ha hecho por generosidad, por heroísmo...
—No quiero héroes. Es decir, los que procuran serlo. Cuando el heroísmo viene por sí, naturalmente, ¡bueno!; pero ¿por cálculo? ¡Querer comprarme! ¡querer comprarme a mí, a mí! Le digo a usted, tía, que me la ha de pagar. Me la ha de pagar ese...
—¿Ese... qué? ¡Vamos, acaba!
—Ese... panoli desaborido. Y para mí como si no existiera. ¡Como que no existe!
—Pero qué tonterías estás diciendo...
—¿Es que cree usted, tía, que ese tío...?
—¿Quién, Fermín?
—No, ése... ese del canario, ¿tiene algo dentro?
—Tendrá por lo menos sus entrañas...