Creyó un momento ver sonreír a su mujer y que movía los ojos. Empezó a besarla frenéticamente por si así la resucitaba, a llamarla, a decirle ternezas terribles al oído. Estaba fría.

Cuando más tarde tuvieron que forzar la puerta de la alcoba mortuoria, encontráronle abrazado a su mujer y blanco del frío último, desangrado y ensangrentado.

Salamanca, abril de 1916.

FIN


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Páginas.
[Prólogo]7
[Dos madres]29
[El marqués de Lumbría]81
[Nada menos que todo un hombre]103