—¡A ver, que venga! Pues no faltaba más.
Mas, por lo bajo, se dijo: «Hay que acabar con esto, porque ese ogro es capaz de cualquier atrocidad si ve que le van a quitar su tesoro; y como yo no puedo sacarle de trampas...»
—Di, Enrique, ¿tú me quieres?
—¡Vaya una pregunta ahora...!
—Contesta, ¿me quieres?
—¡Con toda el alma y con todo el cuerpo, nena!
—¿Pero de veras?
—¡Y tan de veras!
—¿Estás dispuesto a todo por mí?
—¡A todo, sí!