—Me lo ha dicho con los ojos, con el gesto, con el porte...
—¡Ahora me va a salir con que he sido yo quien le he estado provocando a que me haga el amor...! ¡Mire usted, señor conde, ésta va a ser la última vez que venga a mi casa!
—¡Por Dios, Julia!
—¡La última vez, he dicho!
—Por Dios, déjeme venir a verla, en silencio, a contemplarla, a enjugarme, viéndola, las lágrimas que lloro hacia adentro...
—¡Qué bonito!
—Y lo que le dije que tanto pareció ofenderla...
—¿Pareció? ¡Me ofendió!
—¿Es que puedo yo ofenderla?
—¡Señor conde...!