«¿De qué se quejan estas gentes? —decía para sí después de maduro examen—. Del Ministerio, sea el que fuere, y de cuanto de él depende.
»¿Qué ambicionan? Vivir a costa del presupuesto, gozando del mayor sueldo y del menor trabajo posibles.
»Pues suprimamos lo primero y demos la mayor extensión imaginable a las clases pasivas. Si faltan recursos pecuniarios, yo puedo proporcionarlos inagotables.»
Hecho este razonamiento, llevó a efecto el milagro más sorprendente que imaginarse puede.
Facultado por Dios Nuestro Señor para realizar uno, forzando y moviendo la voluntad del Gobierno, una noche en que se celebraba Consejo de Ministros presidido por el Rey don Alfonso XII, entrose bonitamente en la Cámara real, y disponiendo del albedrío de cuantos allí estaban, hizo que aquellos sometieran al Monarca, y este aprobase, el siguiente
«REAL DECRETO
»De acuerdo con el Consejo de Ministros,
»Vengo en jubilar, con el haber de 30.000 pesetas anuales, a todos los funcionarios que cobran del Estado y de las Corporaciones populares, y en conceder la licencia absoluta, el retiro y la situación de reserva respectivamente a los soldados, oficiales, jefes y generales de todas las armas e institutos, con el mismo haber de 30.000 pesetas.
»Vengo en conceder una pensión vitalicia anual de 30.000 pesetas a todos los españoles de ambos sexos no comprendidos en el párrafo anterior.