Después, con un acento conmovido, añadió:
—Sois una joven llena de bondad y delicadeza, a quien estimo en extremo, pero esos motivos no puedo decirlos, ni a vos misma.
Levantose Juana algo turbada y alzando su tapado:
—Creo que me comprometo—dijo risueña.
El señor de Lerne se levantó también inmediatamente diciendo:
—Perdón por haberos detenido tanto tiempo.
—¡Pero yo no renuncio!—dijo ella graciosamente al alejarse.
Él se inclinó sin contestar.
La larga conversación de la señora de Maurescamp y Jacobo, no había dejado de despertar la curiosidad más o menos benévola de los invitados de la señora de Lerne. Juana se apercibió de ello, y para destruir el carácter sospechoso que pudiese tener aquella entrevista, dijo en voz alta a la condesa, que pasaba por su lado:
—¡Ninguna esperanza, señora! ¡He perdido mi tiempo!