No quiere decir esto que sea excusado exijir de un rico algunos presentes; tiene que satisfacer vuestras exijencias: rebuscad los racimos en las viñas ricas de uvas; cojed los frutos en los fecundos vergeles de Alcino. En cuanto al pobre, tomad en cuenta sus buenos oficios, sus cuidados, su fidelidad. Lo que se tiene, es todo lo que se puede dar al dueño. Mi riqueza, consiste en ilustrar con mis versos á las bellas que se hacen dignas. Aquello que me place llega á ser célebre, en gracia á mi arte. Se verá gastarse los vestidos, y desgastarse el oro y las piedras preciosas; pero la gloria que darán mis versos durará eternamente. Lo que me indigna y me subleva, no es el dar, es ver que se pide un salario. Lo que rehuso á tus solicitaciones, deja de quererlo, y lo tendrás.
ELEGÍA ONCENA.
ARGUMENTO.
Suplica á Nape lleve un billete amoroso á Corina.
¡Oh tú, tan hábil para reunir y disponer con arte los cabellos de tu dama, y que no te se debe colocar en la clase de los simples sirvientes, Nape, tú que, no menos hábil en concertar citas nocturnas que en llevar billetes amorosos, has decidido más de una vez á la indecisa Corina á venirme á encontrar! Oh tú, cuya fidelidad frecuentemente me ha sacado de embarazos; toma estas tablillas y entrégalas, esta mañana misma, á tu señora; que tu solicitud allane todos los obstáculos. Tú no tienes en el corazon la dureza del diamante, la inflexibilidad del hierro, y tu simplicidad no es más grande de lo que conviene: tú, además, verosímilmente, has sentido los dardos de Cupido; defiende, pues, para mí la bandera bajo la cual marchamos ambos. Si ella te pregunta cómo estoy, dile que la esperanza de obtener una noche me hace vivir; en cuanto á lo demás, mi amorosa mano lo ha confiado á esta cera.
Mientras hablo, el tiempo vuela. Ve, escoje el momento en que estará sola para entregarle estas tablillas, pero haz de modo que las lea en seguida. Observa sus ojos y su frente mientras lea: su mirada muda puede enseñarte mi destino. Así que haya acabado, pídele una larga respuesta; nada me hace tanto daño como ver un grande espacio de cera sin llenar. Que estreche sus líneas; que mis ojos estén fijos por largo tiempo en su letra; que llene hasta las extremidades del márgen. ¿Pero qué necesidad tengo de que se fatigue en manejar el estilo? Que en la tableta se lea únicamente esta palabra «Ven,» y habré así cubierto de lauro mis tablillas victoriosas, y bien pronto las habré suspendido en el templo de Vénus con esta inscripcion: «A Vénus os consagra Ovidio, fieles instrumentos de su amor, vosotras que ahora mismo no érais más que un vil fragmento de árbol.»
ELEGIA DUODECIMA.
ARGUMENTO.
Maldice las tabletas portadoras de la respuesta negativa de su dama.
Llorad mi infortunio: mis tabletas han llegado, pero no contienen mas que esta tan triste palabra: ¡Imposible! Los presagios son algo efectivamente: al salir Nape ha tropezado con el pié en el umbral de la puerta. De hoy en adelante, cuando te se envíe á alguna parte, procura salir con más precaucion; y despues de parada, marchar con el pié levantado. ¡Lejos de mí, siniestras tabletas, madera lúgubre, y tú, cera maldita, que no me traes mas que una negativa! Extracto de la flor de la larga cicuta, tú no puedes ser mas que el resíduo de la miel impura de una abeja Córsica.
Parecias deber tu brillo únicamente al bermellon y era la sangre á lo que debias tu color. Id á embarazar las encrucijadas, tabletas inútiles: que la rueda parada del primer trajinero os haga astillas. No, aquel que os desgajó del árbol, para puliros, no tenia las manos puras. Ese árbol mismo debió servir únicamente para colgar á algun infeliz, para suministrar al verdugo infames cruces; para dar lúgubre sombra al buho graznador, y para sostener sobre sus ramas los huevos del buitre y del osifraga. ¡Y á esta madera he tenido la locura de confiar los secretos de mi amor! ¡Á ella he encargado llevar á mi dueña las palabras más tiernas! A esa cera convenia mucho mejor la insípida asignacion que despacha el juez en tono feroz; era mucho más propia para servir de diario al avaro, quien no habria consignado mas que llorando los gastos hechos con pena. Tabletas engañosas, no sin razon se os llama dobles; tampoco este número era de buen agüero. ¿Qué puedo desear para vosotras en mi cólera? Que el tiempo os inme y os roa, y que la cera que os cubre se enmohezca y sea manchada por un robin inmundo.