FÁBULA PRIMERA.

DEL CAOS Y DE LA CREACION DEL MUNDO.

El mar, la tierra y el cielo, que por todas partes les sirve de bóveda, no eran ántes otra cosa que un aspecto uniforme de la naturaleza[1] en todo el universo, al que los antiguos llamáron caos; porque era una masa tosca é informe, y un peso inerte, en que los principios de todos los seres estaban encerrados y confundidos. Aun no alumbraba Titan[2] con su luz al mundo; ni Febe[3] renovaba progresivamente los cuernos en su creciente.[4] Ni la tierra, sostenida en su misma gravedad, mantenia el equilibrio en medio de los ayres.[5]

(3) Dios desenvuelve el Chaos, saca de él los
Elementos y coloca cada cosa en su lugar.

Ni Anfitrite[6] extendia sus brazos[7] hasta la extremidad de la tierra, y por donde habia tierra habia tambien agua y ayre. De este modo ni la tierra era sólida, ni el agua fluida: al ayre faltaba la luz; y en suma, ningun elemento tenia aun su propia figura. Los unos servian de obstáculo á los otros; pues en cada uno de ellos[8] la frialdad chocaba con el ardor; la sequedad hacia resistencia á la humedad; la dureza á la blandura, y la levedad á la pesadez. Hasta que últimamente Dios, ó la Naturaleza[9] mas probida, puso fin á todas estas desavenencias, separando el cielo de la tierra; esta de las aguas, y el ayre mas raro[10] del mas denso. Desenvuelto el caos en esta forma, colocó á cada uno de los elementos en el lugar que le pertenecia, y los enlazó á todos en amigable concordia, bien que colocados en diversos lugares. Resplandeció aquella parte de fuego mas sutil y ligera del arqueado cielo, y fixó su asiento en el lugar mas eminente: el ayre es á este el mas inmediato en ligereza y situacion: la tierra, mas densa que estos, se apropió las partes mas crasas, y quedó en el centro equilibrada en su propio peso; y el agua que la ciñe ocupó el lugar último, coartando y penetrando la dura redondez de la misma tierra.

(4) Prometheo forma al Hombre
de Tierra y Agua.

FÁBULA II.

DE LA CREACION DEL HOMBRE.