Hubiera sido muy feliz; pero la mucha familiaridad que tenia con César le acarreó su ruina. Habia sido este testigo de muchas acciones indecentes de Ovidio: publicó el Arte amandi, que causó muchos estragos en la juventud romana; y aunque habia ya corrido diez años ántes, César se valió de esta obra para desterrarle á la ciudad de Tomos en el Ponto Euxîno. El mismo Poeta alega dos causas de su destierro: primera, su Arte amandi; la segunda la calla: sobre esta hay varias opiniones; pero yo me inclino á que valido de la confianza que tenia con César, fué testigo inadvertidamente de alguna accion ménos decente de aquel, por cuya causa indignado Augusto le desterró inmediatamente. Esto es mas probable; pues él mismo confiesa que en la primera causa tuvo culpa, pero que en la segunda fué un descuido: así lo dice en el libro 2 de los Tristes:
Perdiderint cum me duo crimina carmen et error:
Alterius facti culpa silenda mihi est.
En muchos lugares confiesa que la primera causa de su destierro fuéron sus versos: ... y aunque nunca descubre la segunda, por no irritar mas á César, casi nos la manifiesta en la elegía 5 del libro 3 de los Tristes, y es la misma á que yo me inclino arriba.
Inscia quod crimen viderunt lumina, plector:
Peccatumque oculos est habuisse meum.
Non equidem totam possum defendere culpam,
Sed partem nostri criminis error habet.
El pais de su destierro, por su inmediacion al Norte, era muy frio y húmedo en extremo, y el mas abominable de todos por la barbarie de sus habitantes; y por eso escribió en él las elegías llenas de tristeza y amargura. Algunos le han tenido por muy afeminado, por las adulaciones que desde su destierro escribia á César, honrándole como á Dios &c.; pues en el mismo Ponto hizo erigir en su nombre una especie de templo donde le ofrecia inciensos; pero estas adulaciones no le salian del corazon, y solo las usaba como un recurso para ablandar el corazon de César, á fin de que le levantase el destierro, y le restituyese á Roma; pero todo fué en vano. Los Sármatas fuéron mas sensibles á sus desgracias: Ovidio no solo encontró humanidad en aquellos bárbaros, sino tambien mucha cortesía: le amáron, le honráron, y su muerte les fué muy sensible. Murió á los siete años de su destierro, cincuenta y siete de edad, y catorce despues de la venida de Jesucristo.
Todas sus obras son de mucho aprecio, y recibidas con aplauso en todas las naciones cultas. Escribió mucho; pero se ha perdido bastante, y solo se conservan de él los quince libros de los Metamorfóseos; seis de los Fastos Romanos; cinco de los Tristes; quatro del Ponto; las Heroinas; el Arte amandi; el Remedio del amor; la Carta de Ibis, y otras muchas &c.: obras llenas todas de fuego y entusiasmo poético; pero sobre todo de una facilidad incomparable en la estructura de sus versos.