Despues que Aretusa acabó su historia, la abundante Ceres unció dos dragones á su carro, y llevada por el ayre por medio del cielo y la tierra, fue hasta Atenas, donde entregó á Triptolemo[137] su ligero carro, dándole órden para que fuera por todas partes á esparcir las semillas en las tierras, parte en las enteramente incultas, y parte en las que hallase no cultivadas despues de mucho tiempo. Despues que él recorrió la Europa y el Asia, aportó á las orillas de la Escitia, donde reynaba Linco. Habiendo ido á su palacio, el Príncipe le preguntó de dónde venia, el designio de su viage, su nombre y patria. „Mi patria es la célebre Atenas, le respondió su huesped; mi nombre Triptolemo; no he venido aquí por mar ni tierra; el ayre me ha abierto el camino[138] que me ha conducido á tus estados. Yo traygo los preciosos dones de Ceres; los quales, esparcidos por los anchos campos, producirán fértiles cosechas.” El bárbaro, envidioso del honor que recibia el extrangero, y esperando poder atribuirse esta gloria, le da hospedage, é intentó quitarle la vida al primer sueño; pero á tiempo que iba á atravesarle el pecho, fue convertido en lince por Ceres, mandando al jóven ateniense subir de nuevo en su sagrado carro, y executar sus órdenes.
„Con esto acabó su canto la mayor de nosotras;[139] y las Ninfas, que habian sido nombradas por jueces de la contienda, declararon acordes por nuestra la victoria. Prorumpiendo en dicterios las hijas de Piero contra nosotras, supuesto, las dixe, que es poca la pena que habeis merecido en el certámen, y aumentais con injurias vuestro delito provocando nuestra paciencia, sufrireis los castigos de nuestra justa indignacion. Echáronse á reir las Piérides, despreciando nuestras amenazas, y quando iban á hablar, y á extender contra nosotras sus protervas manos, con mucha algazara, vieron cubrirse de plumas manos y brazos; que su boca toma la figura de un dilatado pico, y que se añadian por nuevas aves á las selvas. Quisieron quejarse y golpearse el pecho; pero sus brazos, que eran alas, habiéndolas levantado en el ayre, las encaramaron en los árboles vecinos. De este modo fueron convertidas en picazas las hijas de Piero; quienes conservando siempre los mismos deseos de hablar, hacen resonar con sus gritos importunos y voces roncas los bosques, de los que son la vergüenza y el oprobio.”
LIBRO SEXTO.
ARGUMENTO.
Movida de este exemplo Minerva, se disfrazó en vieja; y entrando en competencia sobre la hilaza con Aracne, despues que cada una representó en su tela varias transformaciones, la convirtió en araña. Nada de esto impidió á Niobe para que, sin embargo de haber perdido los hijos, dexase de convertirse en piedra. Propalada esta noticia, se acordó el pueblo que Latona habia transformado en ranas á los rústicos Licios, y Apolo desollado á Marsias. Concurriendo las ciudades cercanas á consolar á los Tebanos, solo faltaron los Atenienses, porque estaban infestados por el Rey Tereo: el qual, habiendo estuprado á Filomela, fue transformado en abubilla, del mismo modo que Filomela en ruiseñor, y Progne en golondrina. Esta noticia causó la muerte á Pandion su suegro. Sucedióle en el Reyno Erecteo, de cuya hija Oritia tuvo el Boreas á Calais y á Cetes. Estos fueron despues unos de los Argonautas, quando Jason fue á la conquista del vellocino de oro, y sembró los dientes de la serpiente, de que salieron hombres armados; y habiendo despues adormecido al monstruo, consiguió robar el precioso don á que aspiraba.
ORGULLO DE ARACNE.
Oida por la Tritonia Minerva la referencia del cántico de las Musas, les dió la preferencia, y aprobó su justa venganza: „El alabar á otras, dixo entre sí, es de poca importancia; yo tambien merezco ser alabada, y no debo permitir que impunemente se ultraje á mi deidad.” Se acordaba del suceso de Aracne, natural de Lidia. El caso fue, que habia llegado á sus oidos como esta jóven se jactaba de mas diestra en el arte de texer, en el que era afamada, pero no en nacimiento. Su padre Idmon exercia el oficio de tintorero[140] en la ciudad de Colofonia: su madre habia ya muerto; pero tambien fue de gente baxa é igual á su marido. Sin embargo, ella se habia adquirido nombre memorable en todas las ciudades de la Lidia por lo primoroso de sus texidos: aunque habia nacido de prosapia poco ilustre, y moraba en la pequeña ciudad de Hipepa, las Ninfas del Timolo dexaron muchas veces sus agradables viñedos; y las del Pactolo sus aguas para ver sus obras encantadoras. Y no solamente las agradaban los vestidos hechos, sino aun mucho mas gustaban verlos hacer: ¡tan grande era la destreza que tenia en su arte! Ya fuese que devanase sus lanas, ó que las cardase y peinase con sus hermosos dedos imitando los vellones á las nieblas matutinas; ahora hilase, ahora bordase con la aguja, qualquiera diria que era discípula de la misma Palas.[141] Pero no obstante llevaba á mal que su saber se atribuyese á la enseñanza de esta Diosa. „Puede venir, decia enojada de esto, á disputar conmigo; no me niego á entrar en competencia con quien presuma saber mas que yo, y si quedáre vencida me someteré á qualquier género de castigo.”
Agraviada Minerva[142] de unas palabras tan insolentes, toma el disfraz de vieja, se cubre la cabeza de canas, y apoyándose en un báculo, habló á Aracne en estos términos: „No debe nadie persuadirse que la vejez nos haga en todo despreciables. La experiencia se adquiere con los muchos años, y no debes despreciar los consejos que voy á darte. Vive contenta con la fama que tienes de exceder por tu habilidad á todas las mugeres del mundo; pero no pretendas entrar en competencia con una Diosa; procura pues satisfacerla, y ruégala te perdone las injurias que la has hecho; ella es muy compasiva, y quedará desagraviada si se lo ruegas.” Miróla con ojos airados Aracne, dexando la tela de las manos, y queriendo arremeter á ella: „Vete de aquí, la dice, vieja temeraria, que ya estás delirante con tu vejez, y á quien perdono en atencion á tus muchos años. Ve, y da esos consejos á tu hija ó nuera, si es que tienes alguna, que yo bien me sé lo que hago sin necesitar consejo de nadie; y porque no pienses que me han hecho mella tus razones, te digo que me mantengo en lo dicho: ¿por qué pues no se presenta Palas? ¿por qué no viene á competir conmigo?”