ARGUMENTO.

Alcitoe juntamente con sus hermanas despreciaron de tal modo las fiestas de Baco, que no observándolas, se ocuparon, mientras estas se celebraban, en las tareas ordinarias; y durante su labor cada qual, para hacerla menos penosa, refirió una divertida historia. Ya contaba la una la transformacion de las moras blancas en negras: ya referia la otra como Apolo se habia transformado en la figura de Erinome para engañar á Leucotoe; por lo que Clicie tuvo zelos, y fue convertida en Heliotropio por la compasion que tuvo Apolo. Asimismo contaba otra la union de Hermafrodito y la de Salmacis, ninfa, en un mismo cuerpo. Pero por fin las hermanas en medio de su labor se convirtieron en murciélagos, y las telas en vides y pámpanos. Agave, alegrándose de esto, sintió un gran dolor quando Ino y Atamante, agitados de la locura, se precipitaron al mar, y Neptuno los convirtió en Dioses marinos. Como las mugeres Tebanas los llorasen por muertos, se transformaron en piedras y aves. Tambien Cadmo afligido con esta calamidad, dexando á Tebas, partió en compañía de su esposa á la Iliria, en la que ambos se convirtieron en serpientes. De los que habian despreciado á Baco, solo quedaba Acrisio, abuelo de Perséo, que cortó la cabeza á la Górgona, de cuyas gotas de sangre, derramadas en tierra, nacieron serpientes; y á Atlante lo transformó en monte, y á las varas en piedras, despues que libertó á Andrómeda. Suscitándose en seguida un tumulto en las bodas de Perséo, convirtió en piedra á Finéo con los suyos, y juntamente á Preto y á Polidectes, solo con mostrarles la cabeza de Medusa.

INTRODUCCION.

Las hijas de Minias desprecian á Baco.

Á pesar de todos estos prodigios, Alcitoe, hija de Minéo, y sus hermanas, reprueban la celebridad de las Orgias,[1] ó fiestas de Baco, y aun se atreven á decir que este no es hijo de Júpiter. Manda el gran Sacerdote publicar una fiesta; que las señoras y criadas no trabajasen aquel dia; que vistiesen su cuerpo de pieles, y dexasen sueltos sus cabellos, coronándose de pámpanos, y llevando en sus manos tirsos enramados. Las amenaza que de no hacerlo así experimentarian la ira de aquel Dios. Jóvenes y ancianas obedecen su órden: dexan el texido, la costura y la rueca; queman incienso sobre los altares de Baco, llamándole con los misteriosos nombres de Bromio y de Lieo: le llaman tambien hijo del fuego, engendrado dos veces,[2] y que solo él tuvo dos madres: añaden á todos estos nombres el de Niséo, el de no barbado Tionéo: le atribuyen la gloria de haber sido el primero que plantó las vides,[3] y por esta causa los renombres de Geneo, Nictelio, padre Eleléo, Jacho, Evan, y todos los demas que la Grecia inventó en honra suya. Tú eres, ó Baco, le dicen, aquel niño eterno, cuya juventud está siempre lozana; eres el mas hermoso y amable de los Dioses del Olimpo; quando te manifiestas sin los cuernos, que acostumbras llevar, tienes todo el esplendor y hermosura de una doncella jóven: tú conquistaste el Oriente hasta donde la aterrada India se baña por el remoto Ganges: tú castigaste á los sacrílegos Pentéo y al sanguinario Licurgo; precipitaste en las ondas á los perjuros marineros de Toscana. Va tirado tu carro de dos linces, cuyos elevados cuellos oprimes con pintados frenos, y te siguen las Bacantes, los Sátiros, y aquel borracho viejo,[4] que apenas puede sostenerse con la férula,[5] ni cabalgar bien en su cabizbaxo jumentillo. Por donde quiera que pasas te celebran el clamor de los jóvenes y las voces de las mugeres; suenan los panderos, las trompetas y las horadadas flautas. Hoy las Tebanas te invocan, y ruegan les asistas propicio y benigno, celebrando tu promulgada fiesta.

Solo las hijas de Minéo la profanan empleadas en cardar, en hilar y texer sus lanas, imponiendo tarea á sus criadas.[6] „Mientras que las demas, dixo una de estas jóvenes, estan hoy ociosas, y solo cuidan de ofrecer incienso á una divinidad imaginaria, nosotras que trabajamos baxo los auspicios de Minerva, que es la mejor de las Diosas, procuremos suavizar nuestra útil tarea con discursos divertidos:[7] contemos alternativamente alguna historia que nos entretenga y haga mas corto el tiempo.” Aprueban las hermanas su pensamiento, y la ruegan principie la conversacion. Como sabia una infinidad de historias, tardó en hacer eleccion por qual habia de dar principio. Dudaba si deberia hablar primeramente de tí, Dercere,[8] convertida en pez, y que, despues de tu transformacion, habitas las lagunas de la Siria; ó de Semíramis, tu hija, que, baxo la figura de una paloma, fixó su morada sobre las altas torres de Babilonia; ó de los encantos de Nais, que con la dulzura de su voz, ó la virtud de algunas plantas, transformaba en peces á los jóvenes que se aficionaban á su hermosura, hasta que experimentó en sí igual transformacion; ó últimamente de aquel árbol, morera, cuyo fruto era antes blanco, y ahora le produce negro por el contacto de la sangre de dos desgraciados amantes. Agradóles esta; y como era la historia menos conocida de ellas, se determinó á referirla, y, continuando en hilar, la principió en los términos siguientes.

FÁBULA PRIMERA.

PÍRAMO Y TISBE.

En aquella celebrada ciudad que Semíramis cercó de altas murallas,[9] fabricadas de ladrillo, vivian pared por medio Píramo y Tisbe; el uno el mas gallardo de los jóvenes, y la otra la mas hermosa de las doncellas que tuvo el Oriente. La vecindad abrió los primeros pasos para conocerse. Con el tiempo creció el amor, y hubiera terminado en legítimo casamiento; pero vedaron los padres lo que no pudieron prohibir: ambos estaban igualmente enardecidos en amor mutuo; nadie lo sabia; hablaban por gestos y señales, y quanto mas procuraban ocultar su amor, tanto mas se abrasaban en su oculto fuego.