(106) Venus transforma en Toros á los
Cerastes que profanaban á Chipre.

„¿En qué han pecado mis ciudades y estos campos, que me son tan agradables? ¿Qué delito hay en ellos? Mejor es que los delincuentes paguen su pena con el destierro ó con la muerte, ó con otro castigo que venga á ser un medio entre estos dos. Y ¿cuál podrá ser este sino el de transformarlos en otra diversa figura?” Venus vacilante en qué los convertiria, vuelve la vista á los cuernos que tenian en su frente; y ocurriéndola el dejarlos con ellos, los transformó en crueles toros.”

FÁBULA VIII.

PIGMALION.

„Las Propétides[162] tampoco hicieron honor alguno á su patria, pues ademas de ser obscenas se atrevieron á negar que Venus fuese Diosa, por lo cual airada esta, se dice que las enardeció hasta el extremo de que fuesen el primer egemplar de la prostitucion; y como perdieron el pudor, y se les endureció la sangre en el rostro, poco á poco se fueron convirtiendo en duros peñascos.

„Como antes de su transformacion las viese Pigmalion que pasaban su vida en tan criminal disolucion, espantado de los vicios y desarreglos en que naturalmente incurren las mugeres, las juró aborrecimiento, y vivia en el estado de celibato, en el cual se mantuvo por mucho tiempo. En el intermedio de él hizo felizmente y con mucho arte una estatua de marfil, á la cual dió la forma de una muger tan hermosa, que ni la naturaleza ni el arte llegaron á mas, y viéndola tan bella, se enamoró de su estatua.

(107) Pigmalion se enamora de la estatua
que habia hecho, y Venus la anima.

„Su semblante era de una verdadera doncella: parecia que estaba viva, y que queria moverse á no prohibírselo la modestia: ¡tan grande era el primor que ocultaba el arte! Maravíllase Pigmalion, y se enciende en su pecho un fuego de amor á la estatua como si estuviese viva. Muchas veces la tocaba con sus manos dudando si era cuerpo viviente, y no se atrevia á decir que fuese marfil: besábala, y le parecia que le retornaba el cariño: la hablaba, la tenia en sus brazos, y se persuadia que sus dedos se imprimian en los miembros como si fuesen flexibles, temiendo que la impresion de ellos no la hiciese algun daño ó contusion. Con la idea de complacerla unas veces la hacia halagos, otras le traia conchas y piedrecillas, dones agradables á las doncellas, diversos pajarillos y flores de mil colores, lirios, bolitas pintadas y granos de ámbar. Tambien la adornaba con vestidos de gala; poníala en los dedos lucidos anillos, y en el cuello largas gargantillas, arracadas de piedras preciosas en sus orejas, y joyas en su pecho. Todas estas cosas le caian muy bien; pero despojada de ellas no estaba menos hermosa. Poníala en su cama llamándola su muger, y como si tuviera sentido la colocaba y reclinaba sobre almohadas de suaves plumas. Llegó el dia y festividad dedicada á Venus, el cual se celebraba en la isla de Chipre con mucha solemnidad.[163] Ofrecíanse sacrificios de blancas novillas, doradas sus extendidas astas, y humeaban en los templos los ofrecidos inciensos. Pigmalion, despues de haber hecho un sacrificio, se puso delante del altar, y con el debido respeto hizo esta deprecacion: „Si podeis, ó Dioses, conceder todo lo que se os pide, os ruego que la muger con quien me case (y no atreviéndose á decir fuese la doncella que habia hecho de marfil, pronunció en lugar de ello) sea semejante á la estatua que he formado.” La refulgente Venus, que asistia á su festividad, conoció lo que queria decir aquella deprecacion, y en señal de que venia bien en darle gusto en lo que suplicaba, por tres veces se encendió por sí misma la llama de una antorcha, y su piramidal punta se elevó por los aires. Pigmalion, contento con este agüero, se volvió á su casa, y al punto que entró en ella se dirigió á la estatua de su querida, y tentándola le pareció que estaba caliente; que el marfil se ablandaba, y que deponiendo su dureza, cedia á los dedos suavemente, á la manera que la cera del monte Himeto[164] se ablanda á los rayos del sol, y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras, y haciéndose mas dócil y blanda con el manejo. Al verlo se pasma Pigmalion; se llena de un gran gozo mezclado con temor, creyendo que se engañaba. Volvió segunda vez á tocar la estatua, y se cercioró que era un cuerpo flexible, y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos. Entonces Pigmalion pronunció las palabras mas enérgicas y acomodadas para dar gracias á Venus; estrechó su rostro con el verdadero de su querida, y sintiéndolo esta se llenó de rubor; y alzando su tímida vista, vió á un mismo tiempo al cielo y á su amante. La Diosa Venus felicitó con su asistencia el casamiento que ella misma habia proporcionado, y al cabo de nueve meses la que antes habia sido estatua dió á luz á Epafo, del cual la isla tomó el nombre. Tambien nació de ella y fue fruto de este enlace Ciniras, el cual hubiera podido contarse entre los hombres felices si no hubiera tenido sucesion.[165]

„Me veo en la ocasion de contar cosas obscenas y horrendas. Retírense de aqui las doncellas y sus madres, pues no es razon las oigan: y si el suceso que van á referir mis versos os agradare y entretuviere, tenedlo por una novela, y no lo creais; y si lo creyéreis, creed tambien la pena con que fue castigado. Si es posible y parece creible que se haya cometido una maldad que aborrece la misma naturaleza, doy el parabien á la nacion traciana, á nuestro reino y á nuestras tierras por hallarse tan distantes de aquellas regiones en que sucedió la horrible maldad que voy á referir. Enhorabuena que la Arabia sea abundante en amomo, en cinamomo, en costo, en incienso y en otras flores y perfumes, con tal que sea ella sola donde se crie la mirra, árbol nuevo, que se produjo á costa de tal maldad.”