(87) El rio Aqueloo detiene á Teseo
y le ruega descanse en su casa.

FÁBULA VI.

TESEO SE DETIENE EN CASA DE AQUELOO.

Teseo, despues de concluida la caza comun de Calidonia, á que habia sido convidado, regresándose á Atenas, le cerró el camino y le hizo detener el rio Aqueloo, que iba fuera de madre con la abundancia de lluvias. „Entra en mi casa, ilustre y generoso Teseo, le dijo el Dios de este rio,[50] y no te expongas á la impetuosidad de las corrientes. Cuando como ahora se enfurecen, suelen arrastrar en su corriente troncos macizos, y voltear grandes piedras con un espantable ruido. Yo le he visto algunas veces derribar las casas mas sólidas, próximas á la ribera, y arrastrar los rebaños y sus apriscos, sin que la fuerza de los toros ni la ligereza de los caballos pudiesen salvarlos de la violencia de sus ondas. Muchas veces las nieves derretidas han formado torrentes impetuosos, que se han llevado á los jóvenes mas robustos. Mejor será sin duda que aguardes aqui, y descanses en mi casa hasta que el rio baje á las márgenes que le enfrenan.” „Yo acepto, dijo Teseo, tu hospedage y tus consejos, y me aprovecharé con gusto de ellos.” Despues de este cumplimiento se dirigieron á la habitacion de este Dios. Era una gruta hecha de rocallas y piedras pómez, cuya bóveda estaba hermoseada de conchas de varios colores, colocadas con mucho arte, y el pavimento bordado de musgo y cesped. Luego que llegó la hora de comer, Teseo y sus compañeros se sentaron en los lechos que les tenian preparados;[51] Piritoo estaba á un lado, y el Trecieno Lelex á otro.[52] Este héroe era entonces de bastante edad, y sus cabellos empezaban ya á emblanquecerse. Aqueloo, alegre con tener en su casa un huesped como Teseo, hizo sentar tambien á todos sus compañeros, que habia juzgado dignos de tal honor. Despues que estuvieron colocados, una porcion de hermosas Ninfas descalzas cubrieron la mesa de manjares; y concluida la comida y retiradas las viandas, sirvieron el vino en un vaso guarnecido de piedras preciosas. Entonces Teseo, tendiendo la vista á los mares que tenia presentes, dijo: „¿Qué lugar es aquel (señalándole con el dedo) que se divisa desde aqui? Te suplico nos digas el nombre de aquella isla, ó por mejor decir de todas las que estan en aquel parage, pues parece no ser una sola.” „Juzgas muy bien, le respondió Aqueloo, hay cinco islas en aquel sitio; pero estan tan inmediatas unas de otras, que á la vista parecen una sola; y para que te cause menos admiracion la venganza tan cruel que Diana tomó contra los de Calidonia, voy á referirte la historia de estas islas. En esta comarca habia en otro tiempo cinco Náyades, que habiendo sacrificado diez toros, convidaron al sacrificio á todas las deidades del campo,[53] y sin acordarse de mí tuvieron un festivo baile. Ofendido de este desprecio, engrosé las olas de mi rio, enfureciéndome tanto como en mi mayor creciente, terrible en el aliento y en las olas, arranqué selvas y campos enteros, y con ellos llevé hasta el mar las Ninfas que hasta entonces no se habian acordado de mí. Mis olas y las del mar dividieron este pequeño continente, y formaron de este modo las cinco Equinades[54] que ves.”

„Entre todas esas islas, continuó, ¿no observas la que está mas distante? Llámanla la isla de Perimela. Era una Ninfa á quien yo amaba, y á quien hice perder el nombre de doncella; lo que su padre Hipodamante llevó á mal, y en venganza arrojó á su hija á lo profundo del mar desde un alto escollo para que pereciese. Yo la recibí al caer, y llevándola sobre mí á nado: „Ó Neptuno, exclamé, Dios del mar, á quien tocó por suerte el cetro de la segunda porcion del mundo, y á quien todos los rios rinden homenage mezclando sus aguas con las que estan bajo tu poder, asiste aqui, y escucha apacible mis plegarias. Yo he causado la ruina de esta Ninfa, que ahora tengo sobre mis brazos; y si su padre fuera racional y justo, ó por mejor decir si no hubiera sido tan impío, sin duda se hubiera compadecido de ella, y á mí me hubiera perdonado: poderoso Dios, hágante mella mis lágrimas, y concede un lugar seguro á esta infeliz, precipitada á las olas por la inhumanidad de su padre; ó haz de modo que ella se convierta en el lugar de su habitacion, porque aun asi tendré el consuelo de circundarla con mis aguas.” Condescendió Neptuno inclinando la cabeza, á cuya insinuacion se retiraron todas las aguas de aquel sitio. Sin embargo continuaba nadando Perimela; yo mismo tocaba su pecho, que aun palpitaba con bastante timidez; y cuando me regocijaba con este tacto advertí que empezaba á endurecerse su cuerpo, y que sus entrañas se reconcentraban en la tierra, y cubriéndola enteramente quedó convertida en isla.”

FÁBULA VII.

FILEMON Y BAUCIS.

Despues de esta narracion calló Aqueloo, y todos se quedaron admirados de una cosa tan portentosa; pero Piritoo, hijo de Ixion, que no tenia respeto á los Dioses, y que era de ánimo feroz, se burló de la credulidad de sus compañeros. „Tú nos cuentas, dijo á Aqueloo, unas patrañas, y juzgas que los Dioses son todopoderosos, y quitan y ponen á las cosas sus figuras.” Todos se quedaron espantados, y ninguno aprobó semejantes blasfemias; y tomando la mano Lelex, grave ya en edad y prudencia, dijo asi: „Es inmenso y no tiene fin el poder del cielo, y los Dioses hacen todo lo que quieren; y para que menos lo dudes has de saber que en los montes de Frigia hay una encina inmediata á un tilo, cercada con un pequeño muro; yo mismo ví el parage cuando Piteo me envió á este pais, en que reinaba en otro tiempo su padre. Bien cerca hay un estanque, que antes fue tierra habitable, y ahora es una laguna frecuentada de cuervos marinos y cercetas. Júpiter en figura de hombre mortal vino al tal sitio, acompañado de su hijo Mercurio sin alas ni caduceo.

(88) Júpiter y Mercurio hallan hospitalidad
en casa de Filemon y Baucis.