„No estés, Ayax, dando á entender con acciones y medias palabras que Diomedes me acompañó á esta empresa: su parte le toca tambien en ella; pero tambien tú debes acordarte de que cuando fuiste á la defensa de la escuadra no fuiste solo; á tí te acompañaron muchos, á mí solo Diomedes. Si este gran capitan no estuviera bien cerciorado de que el sabio es mas útil que el guerrero, y de que la prudencia es mayor mérito que el temerario valor, tambien se hubiera manifestado pretendiente á estas armas, y lo mismo hubiera hecho Ayax, hijo de Oileo, que ha tenido mas moderacion que tú. Tambien las hubiera pretendido el feroz Euripilo, Toas, hijo de Andremon, Idomeneo, Merion, su paisano, y Menelao.[58] Todos los cuales, aunque esforzados, y que no son inferiores ni de menor mérito y valor que el tuyo, cedieron reconociendo la ventaja de mi prudencia. Tú tienes esfuerzo para los combates; pero te falta el ingenio, y necesita ser dirigido por el mio. Tú tienes fuerzas sin prudencia; mas yo con mi sagacidad preveo lo futuro. Tú puedes pelear; pero Agamenon acuerda y elige con mi consejo el tiempo y la coyuntura en que pueden y deben empeñarse los combates. Tú solo eres útil en el cuerpo; pero yo tambien lo soy en el ánimo y el ingenio: en suma, tanto te llevo de ventaja, cuanto excede el piloto al marinero y el capitan al soldado; porque en mí es el ingenio mas esforzado y valiente que el brazo, y en aquel está y consiste el principal vigor. Ahora bien, próceres de Grecia, declarad este gran premio á quien tanto se ha desvelado por vosotros, y por tantos cuidados y fatigas como en el largo tiempo de esta guerra he tenido y desempeñado en vuestro favor; añadid á mis méritos este título mas, que sea recompensa de ellos. Ya nos falta muy poco para concluir esta guerra, pues yo he removido todos los inconvenientes que lo impedian por disposicion de los hados, y me glorío que he tomado á Troya, haciendo de modo que pueda ser tomada. Por la esperanza pues de nuestros aliados; por los muros de Troya, que ya estan para arruinarse; por las deidades tutelares de ella, que yo con intrepidez les quité y saqué de su seno, y por lo demas que aun pienso hacer y obrar, si es que queda alguna cosa que deba hacerse con sabiduría y consejo; y si falta algo que arguya audacia, dificultad, y sea el último término del hado y ruina de Troya, no os olvideis de mí, ni me negueis este premio; y cuando no estimeis que se me deben dar estas armas, concededlas (y muestra el simulacro fatal de Minerva) á esta efigie, que es la mas acreedora de los que las pretenden.”
En todos los próceres se advirtieron conmociones é indicios de que quedaban convencidos y persuadidos en favor de Ulises, á quien declararon las armas, y entonces se vió por experiencia el valor y poder de la elocuencia, y que el sabio y discreto prefirió al guerrero, y se alzó con las armas del fuerte Aquiles. Ayax, que solo y sin compañía salió al desafio de Hector, y que tantas veces resistió al hierro, al fuego y al mismo Júpiter, no pudo resistir á su propia ira. Vencióle el dolor; y tomando su espada, dijo: „Á lo menos esta es mia; esta no la pide Ulises; de esta debo usar contra mí mismo, y el acero, que tantas veces se manchó con la sangre de los troyanos, ahora debe emplearse en derramar la de su señor; porque Ayax no debe ser vencido por otro alguno que por sí mismo.” Al decir esto se lo clavó y escondió en su pecho, sin poder volver á sacarle de él hasta que le expelió la impetuosidad de la sangre que salia de la herida, con la que rociada la tierra, brotó de la raiz de un verde césped una flor de color de púrpura, idéntica en todo á la que antes habia nacido de la sangre de Jacinto,[59] en cuyas hojas estan escritas unas letras que pueden apropiarse tanto á la edad pueril como á la viril, con la diferencia de que en la de Ayax designan el nombre, y en la de Jacinto su queja.
Vencedor Ulises en la contienda de las armas, se embarcó para Lemnos, patria de Ipsifile, hija del Rey Toas, y para aquellas tierras que quedaron infames desde la muerte que las mugeres dieron á sus maridos,[60] é hizo este viage con el fin y designio de reducir á Filoctetes, y traerle, como lo consiguió, á la liga contra Troya con las flechas de Hércules, con el auxilio de las cuales se concluyó y puso fin á la guerra, quedando destruida Troya, muerto su Rey Príamo, y su infeliz muger Hécuba perdió por último la forma humana, y convertida en perra, espantó las regiones extrañas con sus nuevos ladridos. Ardia el Ilion, alcázar de Troya, situada en el estrecho en el que termina el dilatado Helesponto; y antes de apaciguarse el fuego, el anciano Príamo habia sido sacrificado á Júpiter, en cuya ara derramó su ya fria sangre. Casandra su hija, sacerdotisa de Febo, asida con violencia de los cabellos para apartarla de su padre, se resistia levantando en vano sus manos al cielo. Los griegos vencedores se apoderan, como de una poco honrosa presa, de las mugeres troyanas, que para impedirlo se acogian á los encendidos templos, y se abrazaban á las estatuas de los Dioses patrios. Astianacte, hijo de Hector, fue despeñado de aquella misma torre, desde la cual habia visto y le habia mostrado su madre muchas veces á su padre Hector, que peleaba por los suyos, y defendia el reino de sus abuelos.[61]
FÁBULA II.
LA SOMBRA DE AQUILES DETIENE Á LOS GRIEGOS.
Ya en fin convidaba el viento á los griegos á hacerse á la vela, y soplando favorable hacia resonar las desplegadas velas, y los pilotos mandaban é instaban al embarque. Las prisioneras troyanas, besando la tierra, se quejaban y clamaban por ser separadas de ella con violencia: con gritos y gemidos dieron el último á Dios á Troya; y embarcándose por fuerza, abandonaron para siempre la desgraciada ciudad, que aun humeaba. La última que se embarcó entre todas fue Hécuba (¡espectáculo tan lamentable!), la cual fue hallada y sacada por Ulises de en medio de los sepulcros de sus hijos, asida á los túmulos, y besando los huesos; pero antes de ser arrebatada desahogó su cariño en las cenizas de su hijo Hector, las cuales tomó y guardó en su seno, y al mismo tiempo dejó en lugar de ellas en el sepulcro su cano cabello, como pobre despojo de la que solo tenia el cabello y las lágrimas que poder ofrecerle. Sobre la orilla opuesta á la Frigia, donde estuvo Troya, hay una tierra habitada de los tracios.
(122) La sombra de Aquiles detiene á los
Griegos que se volvian á su patria.
Alli estaba el opulento palacio del Rey Polimnestor, á quien Príamo habia enviado secretamente á su hijo Polidoro para que le educase, y para alejarlo de los peligros á que hubiera estado expuesto durante la guerra. Este consejo hubiera sido muy sabio, á no haber enviado con su hijo riquezas capaces de provocar á un hombre avaro, é inducirlo á los mayores delitos. En efecto, despues que el impío Rey de Tracia supo que los griegos se habian apoderado de Troya, violó los derechos mas sagrados, degolló al jóven Polidoro; y como si el delito pudiera desvanecerse con el cuerpo, lo arrojó al mar.
El hijo de Atreo[62] fondeó con su escuadra en la playa de Tracia mientras se tranquilizaba el mar y amainaban los vientos. Aqui de repente se apareció Aquiles, saliendo de una abertura que hizo la tierra, con la misma corpulencia y ferocidad, y con el mismo semblante amenazador que cuando vivia. Acometió con su espada á Agamenon, diciéndole: „¿Qué es esto, griegos, asi os retirais sin acordaros de mí, y la memoria de mi valor queda de este modo enterrada conmigo? No debeis hacerlo ni retiraros, dejando sin honor mi sepulcro, en el cual es preciso sacrifiqueis á Polixena[63] á mis manes.” Dicho esto desapareció; y obedeciendo todos á la amenazadora sombra de Aquiles, arrebataron del regazo de su madre á esta desgraciada doncella, que era entonces su único consuelo, y la infeliz con una fortaleza mas que mugeril fue conducida al túmulo para ser sacrificada al busto[64] de Aquiles: la cual muy sobre sí fue acercada al altar, y al tiempo de ir á descargarle el golpe, como viese á Neoptolemo[65] que estaba de pie con el cuchillo en la mano, y tenia clavados los ojos en su semblante, le dijo: „Descárgale, y derrama con él mi noble sangre; yo no te lo impido; esconde ese cuchillo en mi pecho ó en mi garganta: aqui los tienes ambos descubiertos; porque siendo yo Polixena, no puedo acomodarme á la esclavitud, y prefiero morir, aunque sé muy bien que mi sacrificio no servirá para aplacar á ninguna deidad, y por lo mismo debes ahorrar inútiles ceremonias. Solo desearia que mi muerte pudiera ocultarse á mi madre. Ella me estorba y disminuye la alegría de mi sacrificio, aunque no debe llorar tanto mi muerte como los riesgos á que queda expuesta su vida. Vosotros, griegos, ahora, pues lo pido con razon, apartaos á lo lejos para que mi sombra pueda bajar libre á la mansion de Pluton, y abstened vuestras manos de mancillar á una doncella que se conservó siempre casta. Mi sangre libre será mas acepta á aquel, quien quiera que sea, á quien procurais aplacar con mi muerte. Si hay alguno entre vosotros á quien conmuevan estos mis últimos deseos y súplicas, la hija del Rey Príamo, no una esclava, es la que os ruega que sin exigir precio alguno, y sin que tenga que comprar con oro, sino con sus lágrimas, el triste derecho de mi sepulcro,[66] entregueis mi cuerpo á mi madre, la cual cuando era rica y podia compraba estas gracias á mucho precio.” Al acabar de decir esto, el concurso echó á llorar, no pudiendo contener sus lágrimas como ella las contenia. El mismo ministro del sacrificio,[67] llorando y como forzado abrió su pecho descubierto, escondiendo en él el cuchillo. Herida mortalmente, sus fuerzas la abandonan, cae, y mostró á la misma muerte intrépido semblante. Aun cuando caia tuvo cuidado de cubrir con su ropa las partes que se debian ocultar y conservar el decoro de su casto pudor.