Dia 27. Nublado, calma: á las 8 vimos el sol, y en seguida tuvimos un dia claro y despejado, con una pequeña brisa que se levantó á las 10 del NO. Debièndose celebrar en este dia la reunion general, nos dispusimos para preservarnos de la confusion y desórden, que con la multitud de concurrentes habria: atrincheramos al pequeño campo ó circuito en que estabamos para no ser atropellados, ni esponernos á ningun ultrage de tanto facineroso, debiendo entrar á èl solamente los caciques, para tratar y hacerlo con alguna formalidad, como creiamos; pero nos engañamos. Pasemos á los sucesos de este dia, demasiado tristes y peligrosos.

A las 10 de la mañana arribó un chasque del cacique Lincon en que avisaba que dentro de pocos momentos arribaba con su tribu, y que al mismo tiempo que él, arribarian los demas con sus gentes; que se estuviese pronto, y no nos sorprendiesemos de las operaciones que debian hacer en esta reunion. A las 12 del dia se presentaron al SO de la laguna, como á 10 cuadras de ella, 200 y mas ginetes, formados en batalla en ala, algo desordenados, con el cacique Lincon; los que se aproximaron, conservando esta formacion, paso á paso y con marcha magestuosa al son de cornetas y bocinas, hasta dos cuadras del campo, en donde hicieron alto. En seguida de esta ceremonia prorumpieron en grande alboroto, desordenándose la línea, corriendo ó dando cargas en grupo con sable en mano y lanza,[24] tirando cortes y lazazos al aire á diestro y siniestro: dando vueltas á toda carrera circularmente al rededor del cacique que se hallaba en el medio, presenciando este ensayo guerrero de su tribu. Algunos de los ginetes que acompañaban al gefe de la division, se presentaron con los caballos enjaezados, con cuentas, cascabeles y campanillas; encoletados con una túnica de cuero perfectamente hecha, como una saya, y con sombrero de cuero, formando un solideo con su grande ala semejante al de un fraile, de seis á siete cueros de fondo, lo mismo que los coletos: con la diferencia que estos son tan blandos y dóciles como una seda, porque lo benefician de tal modo, que los ponen en este estado, y aquellos tan duros como una piedra, que un sable no les penetra, ni tampoco á los primeros una bala de fusil á distancia de media cuadra, por observacion hecha anteriormente con uno semejante, en la campaña del año 21 al sud. Estos personages ó ayudantes de órdenes, traian ademas su sable de laton cada uno, sus pistolas aunque inutiles, las lanzas, bolas y puñales, los que se apersonaron al Comisionado á saludarlo de parte de su cacique. A las 12-½ se presentaron, cubriendo el horizonte por todas partes, líneas de batalla en ala, que abrazaban una estension considerable de terreno, y presentaban á la vista del observador un aspecto imponente y pintoresco. A la 1 llegaron á tres cuadras del campo, lo cercaron é hicieron alto: su marcha, desde que se presentaron, fué pausada y magestuosa: al son de cornetas de cuerno y caña que manejaban algunos indios en cada division, y cada una de ellas con sus caciques á la cabeza, con mucho órden en la formacion, sin dar voces.

Esta uniformidad nos asombraba, y al mismo tiempo el alineamiento y silencio que guardaban, presentando el aspecto de escuadrones disciplinados, con sus sables y lanzas en asalto y guardia. Esta primera perspectiva nos hizo conocer el carácter guerrero y militar á que tiende directamente el génio de estos bárbaros, y que el mismo los conduce á un adelantamiento que talvez nos será funesto. Veiamos con dolor á estas líneas, cargadas con sables de laton, y multitud de armas blancas, y aun de chispa, que por su barbárie no las sabian aprovechar, y que habian sido adquiridas en los infinitos combates y guerrillas, en que han atemorizado á nuestras milicias de campaña, y veiamos aun mas, algunos uniformes y gorras de nuestros soldados, adquiridos del mismo modo, con multitud de carabinas y tercerolas inutiles, que por lujo ó insulto las cargaban á la espalda, para que les viésemos, y hacernos entender, y ver por nuestros propios ojos, el estado preponderante en que se hallaban, así en fuerza como en instrumentos de defensa, y maniobras de caballeria, aunque brutales, dirigidas solamente por su [{81}] génio, ó por cosas semejantes que han visto[25]. En esta posicion, las divisiones al parecer aguardaban órdenes del cacique principal, que se hallaba con su gente formado del mismo modo; y en efecto, no tardó poco en que vimos salir de su division dos encoletados, que le servian, como hemos dicho, de ayudantes. Estos se dirigieron á la division de Avouné, uno de los caciques principales, y su mision la repitieron dos veces al mismo, hasta que su division se puso en marcha, que se hallaba al SE de la laguna, como á dos cuadras de la primera, y de las mas próximas á ella. La marcha con que rompió fué a gran carrera, con gritos de alegria, y con las mismas ceremonias que lo hizo la primera; no cesando de dar estas cargas hasta que dió tres veces vuelta la línea de la primera division que se hallaba formada, y que se conservaba en este órden mientras que la otra concluyó su ceremonia, la que en seguida de este acto, pasó á formar en batalla, á continuacion de la primera, y al mismo frente. Incontinenti de este acto marcharon los mismos ayudantes a practicar igual diligencia con la tercera division, que se hallaba formada al E de la laguna como á dos cuadras, y despues de una larga parla con el cacique Anepan, que la mandaba, hizo este la misma evolucion que la anterior. La cuarta division del cacique Pichiloncoy; la quinta del cacique Ancaliguen y otros; la sesta de los caciques Llanqueleu, Huilletrur, Antiguan y otros; la septima de los caciques Chañabilu, Chañapan, Neculpichuy, Trignin; la octava, de los caciques Cachul, Catriel y otros; la novena, de los caciques Huilliches, Nigiñile, Quiñifoló, Pichiacurá, y las que se hallaban formadas en la circunferencia de la laguna, pasaron á formar en batalla, haciendo antes las mismas evoluciones que las otras, antes de practicar esta última; hasta que formaron una hermosa y regular línea en órden de parada, y con el mayor silencio, que hacian guardar los gefes de cada una de las divisiones, y por consiguiente la alineacion con la primera division que formaba la cabeza. Concluida la formacion de la línea, los dos caciques principales, Lincon y Avouné, mandaron formar un círculo a toda ella, lo que se efectuó sin alboroto, pero desordenadamente, porque á pesar del silencio y buena disposicion con que lo hacian, no podian ejecutarlo, y para hacerlo era menester que el desorden presidiese la maniobra. Formado el círculo, todos los caciques se metieron dentro de él, y tuvieron una larga parla de mas de dos horas, acerca de los tratados que se iban á celebrar nuevamente, y al mismo tiempo, acordar con el pueblo las bases que debian presidir, y si debian celebrarlos por sí solos, sin la reunion de los Ranqueles, cuando se dudaba de la buena fé de estos, no obstante que muchos querian tratar. El cacique Lincon dijo en la reunion, que los tratados no debian efectuarse sin la asistencia de los Ranqueles, pues que cualesquiera que fuesen los que se hiciesen, serian efimeros si con aquellos no se contaba: que se aguardase á que se reuniesen, ya todos ó algunos, que entonces se harian con mas formalidad, y todos disfrutarian de los presentes que el Gobierno les hacia por medio de la Comision: y que hacer lo contrario traeria malas consecuencias á ellos mismos, porque se renovaria el rencor que se tenian, y á la Comision, que habia dado un paso tan precipitado, sabiendo que aquellas tribus son las mas fuertes, y con las que principalmente debia hacerse una liga. La franqueza con que este bravo y elocuente cacique habló en la reunion, no pudo menos que chocar con el orgullo y disposicion de sus compañeros, que se manifestaron contrarios á esta opinion. El interes particular, mas bien que el deseo que demostraban por la paz, era el que obraba en este caso: los cortos articulos que la Comision llevaba para obsequiarlos eran tales, que para los reunidos no alcanzaban, y cada uno de ellos se creia dueño y poseedor de todo, y no querian que otros disfrutasen: esta liga premeditada que todos formaron, chocó igualmente al desinteres y buena fé del cacique Lincon. El sostuvo su opinion hasta el último estremo contra el cacique Avouné, y demas de los reunidos, que querian celebrarlas incontinenti, y que despues de cangeados los tratados con ellos, como una tribu diferente é independiente de los Ranqueles, la Comision marchase á celebrarlos con los caciques que de esta tribu quisiesen. El cacique Lincon conocia demasiado por su esperiencia la codicia ó interes de sus paisanos: el sostenia aquella opinion, porque la creia conciliatoria con los dos partidos siempre opuestos, y al mismo tiempo libraba á la Comision de los riesgos que esta medida podia haberle ocasionado. El sabia que, efectuándose en esta reunion las conferencias, ibamos poco mas ó menos á ser saqueados, y por consiguiente cuando se celebrase la segunda con los otros, no podriamos llenar las miras del Gobierno y de la Comision, y esta se espon[{83}]dria à un desaire, á una ruina inevitable, si aquellos traslucian que la Comision habia obsequiado a sus enemigos, con las especies que para todos se destinaban, para celebrar una paz con la província. Esta opinion juiciosa del caciqne Lincon, vertida en la reunion, hubo de costarle el sacrificio de su existencia: su conocido amor al órden, las consideraciones que habia merecido de las autoridades del país, y su opinion entre todas las tribus, aumentaban los celos y envidia de los demas caciques, y principalmente del principal Avouné, joven orgulloso y aspirante, hermano y sucesor del célebre Carritipay. El pueblo, que se hallaba reunido y presenciaba su discurso, no pudo menos que seguir la opinion de los caciques, y lo insultaba á grandes voces é invitaba y mandaba que ella fuese seguida. El respeto del viejo cacique contenia estos insultos, reprendiéndolos voz en cuello, y haciendo ver á sus compañeros que el paso que iban à dar, traeria funestos resultados. Todos despreciaron sus consejos, excepto algunos viejos caciques octogenarios y sus tribus pequeñas; pero fueron arrastrados por la opinion tenaz de la fuerza principal, que ordenó incontinenti, de acuerdo con Lincon, que el Comisionado se presentase á la reunion, para conferenciar y comunicarle la medida que se habia sancionado.

A las 2 de la tarde recibimos la órden de apersonarnos delante de los caciques, y desde luego marchamos, el Comisionado, el Ingeniero y el intérprete, hácia ellos, que distaban seis cuadras de nuestro campo al SE. En seguida á esta órden el cacique Lincon se dirigió a comunicarnosla, y tras él se desordeno enteramente toda la línea ó círculo en donde se habia tenido la parla. Este desórden comenzó en derrota: unos á dar carreras con gritos, bulla y confusion, y otros se dirigian del mismo modo a nuestro campo: en él se armó una terrible zambra; todos pedian, todos gritaban, y clamaban por tabaco, yerba &c. &c. Rompieron por último el pequeño círculo que lo rodeaba, y no quedó uno de los petulantes, que no fuese satisfecho: indios, chinas y muchachos, pasaban de 1,500 los que nos rodeaban en él, fuera de la turba considerable que se hallaba en el campo, en correrias.

El cacique Lincon, al comunicar la noticia al Comisionado, lo estrechó fuertamente, á pesar de la incomodidad y disgusto con que venia: él mismo nos condujo a los reunidos, mezclados entre la multitud de ginetes, que á la novedad de vernos, lo acompañaban, y nos llevaban con gran bulla y desórden, todos armados y en guardia como en procesion, al parecer al sacrificio. Arribamos al lugar en donde se hallaban los caciques: manda[{84}]ron ordenar sus gentes, y formar un círculo, y en él entramos: los caciques se apearon de sus caballos, y formados en tierra, cada uno nos abrazó y dió la mano, saludándonos cariñosamente. Hicieron descender á varios ginetes que se hallaban entre la multitud, para que sirviesen de intérpretes en compañia del nuestro, la mayor parte de ellos desertores. Uno de ellos, despues de haber hablado el cacique Avouné, dijo al Sr. Coronel comisionado, que aquel cacique por su parte y á nombre de los reunidos, felicitaba á la Comision, demostrando la sensacion que les causaba, el ver próximo el felix instante en que se unirian para siempre con sus hermanos los cristianos, por medio de unos tratados que asegurarian la paz, pues que conocian las ventajas de esta, y la destruccion que la guerra les habia causado por tanto tiempo: que en aquella reunion habian determinado los caciques, que se celebrarian los tratados con las tribus, Pampa y Huilliches, y que la Comision pasaria, concluidos estos, á entablarlos con los Ranqueles, pues que de este modo se evitaban los celos de aquellos, y no se renovaria el antiguo rencor que le profesaban: que los tratados se efectuarian al dia siguiente, para cuyo efecto se reunirian separadamente con el Comisionado. Dicho Sr. contestó por medio del intérprete, felicitando del mismo modo á sus hermanos: que solamente por haberlo ellos solicitado para hacer la paz, podia haberlo hecho, sacrificando su salud en una estacion peligrosa: que la Comision no creyó haber llegado á un punto tan avanzado, pues solamente se le dijo que hasta las sierras de Curacó seria el viage, y allí se reunirian: que el mal estado de los carruages y cabalgaduras no permitia internarse mas; pero para que estuviesen convencidos de la disposicion que asistia á la Comision para entablar la paz, aun con aquellos que la despreciaban, marcharia á conferenciar con ellos al punto que se le destinase.

Los caciques oyeron con agrado la relacion de la Comision, no obstante que ella se opuso fuertemente pasar adelante: pero era menester obedecer á todos ellos que lo mandaban, y al pueblo que á grandes voces lo pedia. El cacique Lincon apoyaba la opinion de la Comision, y con demasiada arrogancia reprendia al cacique Avouné, el mas tenaz de todos, y al pueblo que lo pedia. En estas parlas todos hablaban, unos reñian, otros contestaban y reprendian, y nadie se entendia: los parciales del cacique abogaban por su opinion, y los otros, por la de sus gefes: de modo que hubo de armarse una gresca á balazos, sable y lanza, que nos hubiéra costado muy caro. Pero lo que sucedió fué, que el pueblo incomodado contra Lincon y sus parciales, arremetieron algunos atrevidos contra él y los suyos: en la confusion el bravo cacique no se turbaba, y á todos atendia [{85}] con su espada en mano, y causaba respeto á los desertores, que eran los que capitaneaban estos insultos, con un objeto diferente: no directamente contra el cacique, sino para que fuesemos envueltos en sus contiendas, y disponer francamente de la yerba, tabaco, &c., por que anhelaban, á mas del odio con que nos miraban. Sus intenciones fueron conocidas: el círculo que formaba la plebe á caballo era reducido, y en estas disputas lo redujeron tanto, que apenas cabíamos de pié, sofocándonos de tal modo en la multitud de 3,000 y mas caballos en desorden, que nuestras voces no se oian, ni por consiguiente la voz de los caciques, que trataban de aquietar sus tribus, y evitar la lid desigual que amenazaba. El lance fué apurado, en él creimos ser envueltos, y quedar entre las patas de los caballos.

Contenido el desórden, nos dieron satisfaccion todos los caciques, reiterando su amistad y buena fé: partimos á nuestro campo, y con nosotros todos ellos á tomar mates, y conferenciar sobre lo que debia practicarse al dia siguiente.

Toda la línea en desórden se vino á nuestro campo con sus caciques. Su objeto era conocido:--disfrutar de los obsequios que debian hacerse á sus caciques, y espiar la oportunidad que se les presentase para adquirir alguna cosa contra la voluntad de su dueño. A los caciques se les tenia preparados los instrumentos en que debian tomar los mates, y que cargasen una dosis de yerba que saciase la buena disposicion con que lo tomaban[26]. Sentados en tierra, formando un gran círculo, se regocijaban, acomodando los presentes provisionales que se les hacia, en las mantas, ponchos y bolsas, entablando la parla mezclada con la risa y algazara, ó mas bien confusion y desórden; porque no hay acto por formal que sea en donde no mezclen estas dos calidades propias de su génio. En estas ocupaciones pasaron toda la tarde hasta que anocheció, y se marcharon todos los caciques á sus campamentos, que habian formado las divisiones cerca del nuestro en las mismas riberas de la laguna. La Comision tuvo que ceder todo el poco ganado que habia conducido, para que pasasen la noche: la cesion fué á impulsos de ver arrebatarlo sin permiso á los mismos que se hospedaban. El bravo y constante Antiguan contuvo en esta ocasion los excesos que se cometian por algunos, que no tenian las mejores intenciones, en nuestras cabalgaduras y comestibles, que los arrancaban casi forzosamente á nuestros peones. Antiguan, respetado entre todos por su opinion y valor, castigó á algunos de estos facinerosos que conducian la presa. El se distinguió en esta ocasion, y sus servicios fueron muy recomendables, á mas de los que lo habian hecho acreedor á las consideraciones que la Comision le dispensaba. Se distinguió igualmente en las conferencias de la reunion, secundando la opinion del viejo cacique, y sosteniéndola con su espada y arrogancia en su parla, á los que se dirigia.

El cacique Lincon, despues de haber tenido una corta conferencia con el Comisionado, dejó á sus compañeros y se marchó á sus toldos con los suyos, para tratar cuando se efectuase la segunda conferencia con los Ranqueles. Este desprecio que hizo de los demas, les hizo conocer el desaire que les habia hecho, y por consiguiente el poco interes que tomaba en sus tratados, y en los presentes que se le podia hacer. La Comision no dudó un momento de la impaciencia, desinteres y buena fé que caracterizaba á este buen viejo: ella se propuso tratar con él largamente, despues que se concluyese este primer compromiso, atrayéndolo con mejor agrado, y hacerle conocer cuan justificada era su conducta, y el alto aprecio que con ella se habia grangeado en la Comision, y que seria recomendable ante la autoridad de la provincia. Mientras tanto, era menester que ella siguiese el torrente de la opinion de los que componian el mayor número, y tenian la principal fuerza. La Comision encontraba en el orgullo natural de las tribus Pampas y Huilliches una razon para que hubiesen dado aquel paso no uniforme. Los primeros componian una tribu diferente de los Ranqueles y sus constantes enemigos[27]; y su orgullo no podia sobreponerse á la uniformidad del pacto, cuando mediaba una enemistad que solamente la desprecian en una liga general, ya para robar como hemos dicho, ó ya para defender su pais cuando es invadido. No por esto desconociamos que este acto chocaria igualmente con los Ranqueles, y al mismo fin que se propuso el cacique Lincon en llevar adelante su opinion, porque veia presidir en el acto mas formal que se podia presentar, el interes que obraba con mas fuerza que ninguna otra cosa, y que habiendo uniformidad, ni aquellos podian quejarse, ni la Comision padecer ningun desaire, ni mucho menos dejarse de hacer unos tratados con mejores bases. Ambas razones pesaban en el concepto de la Comision, pero ella contaba que, aunque fuesen agotadas las especies que debian repartirse para ambas tribus, en el segundo pacto con la otra tribu, el cacique Lincon saldria garante del paso que las otras habian dado, y en este caso, aun cuando no se consiguiese un feliz resultado en los tratados, se conseguia aumentar é influirles mas y mas el odio y disposicion, para un choque entre ambas.

La tribu Huilliches, aun no se habia reunido toda, y se aguardaba un major número con sus caciques principales, para el dia siguiente. La division que habia llegado, deseaba del modo que fuese, establecer sus relaciones con la Comision y marcharse. Esta tribu es respetada de las demas, por su carácter guerrero; y por la respetabilidad de sus fuerzas; jamas ha entrado en coalizacion con ninguna para el pillaje: cuando lo hizo fué sola, sin auxilio de ninguna el año 20, en las costas del Cabo San Antonio y montes vacinos, destruyendo las poblaciones, y llevándose cuanto ganado y familias encontraron, y desde entonces han habitado pacificamente las costas del mar, desde el paralelo de los 37° de latitud austral, hasta los 41°, es decir: desde la Sierra del Volcan, hasta el establecimiento del Rio Negro en la costa Patagónica. Los puntos en donde habitan las mayores poblaciones, son las costas boreal y austral del Colorado: las costas de los rios Sauce Grande y Chico, Saladillo, Clarameco y Malepundejo, y riberas de la Bahia Blanca, y su poblacion se asegura ser la mas considerable de las tribus, y su fuerza militar respetada. Con ellos no intervienen los Ranqueles ni Pampas, solo sí para el comercio con el establecimiento del Rio Negro, el que muy poco visitan, dejándoles á ellos el tráfico esclusivo por su aproximacion á él. Los caciques Nigiñelé, Quiñifoló y Pichincurá, que mandaban la division de esta tribu, no se mezclaron en ningunas de las grescas que se suscitaron en la reunion, y su indiferencia dió á conocer la buena fé y disposicion con que deseaban entrar en tratados. Ellos participaron de los obsequios que se hizo á los demas, y se acamparon cerca de nuestro campo para reunirse al dia siguiente. [{88}]