La tercera laguna se halla al S 10° SSO distante dos leguas: su magnitud es menor que la anterior, y su circunferencia pasa de 400 varas: su agua buena, su profundidad de cuatro, tres y dos pies, su fondo barro y lama, su interior lleno de pajonales, accesible por todas partes y sin barrancas: los pastos de sus cercanias, fuertes y elevados. En sus orillas se encuentran 21 toldos, pertenecientes al cacique Ancaliguen, y su poblacion llega à 500 personas: en ella hay cerca de 180 hombres, y el número de mugeres y niños cautivos pasa de diez.
Se nos aseguró que en la pampa, ó llanura del SE, se hallaban algunas lagunas de magnitud y con poblaciones: nosotros no podiamos separarnos de la Comision, ni menos internarnos demasiado, y sin baqueanos. El terreno descubierto, y sus lagunas, deliciosas: la perspectiva que presenta al SO la vasta planicie al SE de la Ventana, es hermosa; ella se estiende hasta las riberas del Rio Sauce por el SO; por el O la sierra, y por SE la costa del Océano. No se encuentra diferencia ninguna de nivel á la vista sobre su horizonte: en él se observa con mayor abundancia la caza de gamos, ciervos, avestruces, liebres, mulitas, &c. y algunos rodeos considerables de ganado de las poblaciones vecinas, la mayor parte marcado: la tierra es húmeda, negra y dura, y los pastos fuertes y elevados.
Por el NO se nos informó no se hallaban lagunas ni poblaciones hasta una distancia considerable, é inmediatas al camino de las Salinas. Por lo poco transitado hácia este rumbo, observamos en la campaña que el terreno era muy blando y húmedo, los pastos variables en su fortaleza y altura, algunos bañados cortos, ó pequeños juncales, el nivel parecia ir en disminucion hácia el NO, y las aguas sepultarse en su planicie, en alguna gran cañada ó lago. Los naturales nos informaron repetidas veces que se encontraban grandes cañadas y bañados intransitables, y seguramente debia ser así, porque al mismo rumbo, y á algunas leguas, se encuentra cerca de la ruta para Salinas, la gran Cañada Larga, llamada así porque se estiende muchas leguas, y su paso es peligroso á los transeuntes.
A las 6 de la tarde de este dia, se levantó una brisa fuerte del ONO, que parecia amenazante. A las 7 calmó y se nubló la noche con semblante de llover toda ella. A las 8 tuvimos brisa del O, que despejó la turbonada.
Dia 28. Despejado y ventoso: brisa fuerte del tercer cuadrante. Al rayar el dia nos pusimos en movimiento, para recibir á los que debian reunirse á hacer los tratados, y disponerles los presentes que debian hacerseles despues de ellos con mètodo y órden, para no ser envueltos en la confusion, que sabiamos positivamente debia armarse, aunque reinase el mayor órden en las reparticiones. A las 8 de la mañana ya estaba el campo rodeado de toda la turba del dia anterior, redoblando sus peticiones acostumbradas. A las 10 del dia se empezaron á reunir todos los caciques que se hallaban dispersos fuera del campo, en donde sus divisiones se habian alojado, y que temerosos del tiempo se marcharon á las poblaciones vecinas á pasar la noche con su comodidad. A las 11 se hallaban todos reunidos, y sus divisiones á la vista: si en el dia anterior hubo algun órden preliminar en la formacion de una línea de batalla, en este no hubo cosa que se pareciese, sino un desórden completo, ocasionado por la misma reunion. Las consecuencias de esto son bien claras: el robo, el insulto por tantos facinerosos que nadie los reprendia, y por último el desórden, nos ponian en una posicion dificultosa, que solamente la pa[{93}]ciencia y política con que nos manejabamos, podia habernos hecho superar aquellos trabajos.
Los caciques reunidos, presididos por el ulmen, ó principal Avouné, fueron los mismos que el dia anterior. Principiaron los tratados con los intérpretes correspondientes, y el Comisionado, quien les dirigió un convincente razonamiento á todos, acerca de las ventajas que la paz les proporcionaba, y la necesidad que ellos tenian de celebrarla por medio de un pacto solemne y duradero con la Provincia: que estaba conocido muy bien que la guerra no llevaba consigo sino la desolacion y la muerte: que la razon y la justicia clamaban por que cesase este mal desolador, que les privaba de la sociedad y lazos que debian unirles con sus hermanos por medio del comercio recíproco: que este cesaba en el momento que empezaba aquella, y por consiguiente desesperaban con la privacion de los artículos que han constituido sus primeras necesidades, y que la habitud se los ha hecho apreciables, y sin los que seria penosa su existencia, privados de este auxilio en los desiertos: que los tratados, ó bases de estos, no se quebrantarian del modo que lo habian hecho otras veces con pactos diferentes: que el Gobierno de la provincia, á invitacion de todos ellos, habia remitido la Comision que trataba, conociendo que el estado actual de las circunstancias, no podia permanecer, pues que era necesario ó entablar la paz, ó que el Gobierno supiese la opinion de las tribus, para de este modo poner los medios de ataque y defensa de la frontera, y privar las continuas incursiones que la desolaban: que las propuestas que el Gobierno les hacia, para cimentar desde luego la union, la Comision las esplanaria segun la opinion que sobre lo principal manifestasen los caciques reunidos, y por último que deseaba oirla, para entrar al objeto principal.
En esta situacion el pueblo oia la relacion que el intèrprete hacia del discurso del Comisionado, y á grandes voces pedian la paz, interrumpiendo continuamente el órden que habia reinado hasta entonces. Hecho guardar silencio, contestó al Comisionado el cacique principal Avouné por medio del intérprete, que los deseos de todas las tribus, Aucas y Tehuelcha, era celebrar la paz con la Provincia, para cuyo efecto habian suplicado al Gobierno la remision del Comisionado: que sus intenciones eran bien conocidas, que anhelaban el sosiego y la tranquilidad, y el comercio legal que les producia grandes ventajas: que por esta opinion estaban todos: que los tratados se harian bajo ciertas bases, que propondrian á la Comision, y que si las conseguian, jamas se quebrantarian: que ellas debian cimentar la union de un modo inmutable, que jamas ellos lo habian hecho, que los cristianos siempre habian sido los primeros en romper la guerra, presididos por hombres díscolos y ambiciosos, que no [{94}] podian mirarlos con indiferencia posesores de sus terrenos y haciendas; ó que de nó, se recorriese la historia de la guerras anteriores, y se verian cuan injustas fueron, sin que ellos jamas hubiesen hecho otra que defender sus propiedades, y el suelo que la naturaleza les dió para sustentarlos y habitarlo: que esto era muy justo, y la razon lo aconsejaba, para no ver á sus familias y propiedades ser la saña y venganza de los usurpadores: que ellos habian conocido que jamas podrian vivir tranquilos, porque eran poseedores de un pais que la ambicion habia de suscitar pretestos para arrancarselos.
El cacique descendió por último á buscar el orígen de las guerras pasadas, haciendo uso de la tradicion comunicada por sus mayores, como un misterio ó costumbre, á que no deben faltar los que gobiernan á sus presuntos herederos, y estos á las demas generaciones de su famillia. El cacique, con tono magestuoso y semblante airado, siguió su razonamiento cansado, echándose á rodar en el vasto océano de la história bélica de su tribu con los cristianos, desde tiempos muy remotos: concluyendo por último, que si sus paisanos habian invadido y robado las poblaciones de la frontera repetidas veces, habia sido en justa represalia de las usurpaciones de terrenos, y violaciones continuas de sus propiedades é intereses: y que el Comisionado y ellos entrarian desde luego á establecer las bases ó principios de los tratados.
No habia concluido el orador de la reunion, cuando toda ella se alarmó al oir las palabras "usurpaciones de terrenos, y violaciones continuas de sus propiedades." Entonces cada uno hablaba á voces á la reunion de sus caciques, haciendo presente las épocas en que habian sufrido aquella clase de tropelias: en estos recuerdos, tristes para su imaginacion exaltada, se enfurecian de tal modo, que pedian á grandes voces que se reparasen aquellos males y pérdidas, castigándose. Un viejo de talla gigantesca, de los mas elocuentes, que hablaba y sobresalia en sus quejas á todos los demas, dijo que el habia sido dueño y poseedor de una parte considerable de terreno en las costas del Salado, en el rincon llamado del Toro, y que de allí lo habian arrojado los cristianos, con graves perjuicios de sus intereses, y espuesto á perecer de indigencia en paises estraños; pidiendo por último que se le devolviese. Otro dijo al mismo tiempo, que cerca de la guardia de Kakelhuincul habia tenido su establecimiento, y que habia tenido que emigrar á una larga distancia, para librarse de las tropelias que sufria de los cristianos. Una multitud de ellos redobló estas mismas quejas, porque les parecia que habia llegado el caso de pagarles cuanto habian perdido, y que en los tratados debia acordarse para su indemnizacion. Los gritos y el desórden se dejaban entender por todas partes, mezclados con la cólera y venganza que [{95}] habian excitado en ellos aquellas memorias tristes: hasta que los caciques tuvieron que hacer guardar otra vez el silencio para continuar en el pacto. Se descendió en seguida á articulos y cosas particulares que debian estipularse, despues que el Comisionado desvaneció toda la pesada relacion del cacique, sobre el orígen de las guerras pasadas, y les hizo ver que las circunstancias en que se hallaba la provincia, eran diferentes de las que habian estado en gobiernos anteriores, y que si se habian en aquel tiempo precipitado sobre su pais, habia sido á impulsos de las mismas tropelias que ellos habian cometido sobre nuestros establecimientos: concluyendo por último, apartàndose de una cuestion majadera, con maldecir á todos aquellos que habian sido el orígen de las desgracias que lamentaban, y que desde aquel momento se olvidarian para siempre tan funestos recuerdos, y entrarian á entablar una union que jamas se disolveria. Todos al oir estas espresiones prorumpieron contentos que se entrase á tratar, y se olvidase lo anterior. Admitida pues esta base, que no fué otorgada sino despues de muchas razones de convencimiento por lo demostrado anteriormente, se trató de asentar el libre comercio y seguridad de las tribus de indios contratantes con la provincia: y aunque se procuró esforzar que el comercio se hiciese por tres distintos puntos de la frontera, se negaron á ello, replicando que la amistad acabada de establecer, no podia sufrir las limitaciones indicadas, y que todas las guardias de frontera debian ser francas.
Se procuró indicar el avenimiento que el año de 15 habian prestado los caciques principales para el adelanto de nuestras fronteras, especialmente para asegurar la comunicacion con el establecimiento de Patagones, y defender las costas de las invasiones que se recelaban por el gobierno de otras naciones que intentaban ocupar el pais, atacando igualmente á ellos como á la provincia, refiriendo muy por menor el acuerdo que con el Gobierno hicieron á este efecto; y se repuso á la Comision, que no solo no convenian en eso, sino que espresamente pedian se retirase la tropa que habia en Patagones, y que ademas en el término de un año se retirasen todas las estancias y familias situadas al sud del Salado, terrenos que eran de su particular ocupacion, y de que se les habia desalojado, avanzando la nueva guardia de Kakelhuincul con miras de poner otras que no tolerarian.