En la falda de la Sierra Lima-huida se encontraron algunos cadáveres, medios enterrados, al parecer de indìgenas, y algunas otras sepulturas que demostraban la existencia de otros muchos. No pudimos averiguar, de los naturales que nos escoltaban, cual era el motivo de encontrarse allí aquellos cadáveres. Uno de ellos, bastante racional, nos informò, que hacia algun tiempo que aquellos cuerpos habian sido sepultados: que antes de la expedicion del año 21, cuando los naturales habitaban estas comarcas, era aquel lugar enterratorio de los indios, y que así habia quedado, habiendo sido abandonado por los poseedores de aquel pais, que de aquel modo honraban las cenizas de los que morian, preservando sus cadáveres de ser alimento de las fieras. La informacion no dejó de hacernos conocer un acto de humanidad, y una costumbre piadosa, á pesar de encontrarse en ellos varias otras que no debieran oirse sino con horror. Esta costumbre la conservan desde tiempos atras. En la Sierra de la Ventana, en una de sus concavidades intransitables, está uno de estos depósitos ó enterratorios: no lo vimos, ni tampoco sabiamos el lugar.
Una legua mas adelante de la Sierra Pichima-huida, con el mismo rumbo, hicimos alto en la ribera del arroyo que costeabamos, á 4-¼ leguas de la salida, con objeto de descansar y seguir adelante.
A las 2-½ de la tarde seguimos con el mismo rumbo, y á 1-½ leguas encontramos una cañada, que corriendo de SE á NO, desagua en el arroyo al cabo de cuatro á cinco cuadras de curso con un cauce pequeño. A ½ legua en seguida se encontrò sobre la costa del arroyo una laguna de 6,000 varas de circunferencia; buena agua, llena de junco, su nivel el del terreno: accesible por todas partes, y en un terreno húmedo: su profundidad no excedia de cuatro à seis pies, su fondo lama y barro, alguna leña en sus alrededores y buenos pastizales. A media legua, en seguida, se encontró un juncal de las mismas calidades que el anterior, y de igual magnitud. De este, à media legua adelante, hicimos alto en la costa del arroyo, y con el mismo rumbo, con objeto de pasar allì la noche. Se hicieron 7-½ leguas de jornada en línea recta.
Las calidades del terreno transitado han sido diferentes. En la distancia, desde el punto de salida hasta la Sierra Pichi-mahuida, es de una calidad semejante al descrito anteriormente: desnivelado y duro, tierra gredosa y seca, pastos cortos y regulares. En la otra, desde la pequeña sierra hasta la parada, fuè diferente: pastos cortos y regulares, tierra negra, blanda y húmeda, terreno horizontal y sin sinuosidades, húmedo y muy blando. En tiempo de aguas debe ser un bañado intransitable. El arroyo no forma barrancas, y su nivel es igual al del terreno. Sus aguas salen de su centro, y se esparcen por la campiña.
Al fin de la jornada vimos sobre el horizonte, cuando se hallaba mas despejado, un mogote que demoraba à mucha distancia y mas allá de la Sierra Lima-huida, en donde se pierde su ramificacion en el oriente, y parece que se acaba la cadena de sierras, que forman una abra con este otro monte elevado. Demoraba al S de la parada: los naturales la nombran Sierra de Huellucalel, y se nos asegura, (á mas de haberla reconocido un sugeto respetable) que el Arroyo Azul nace de este morro, corriendo paralelamente al nombrado Torralñelu, Chapaleofù y Tandil, reconocidos en la expedicion que se efectuó el año 20.
Todos corren de este modo, hasta sepultarse en el vasto bañado ò estero que, paralelamente al curso del Salado, se forma al sud, à 16 y 20 leguas de distancia.
El 22[70] nos pusimos en marcha à las 9-½ de la mañana, à pesar de la densa niebla que cubria el horizonte. Abrimos la jornada con rumbo NE, costeando siempre el arroyo Barrancas. A 2-½ leguas con este rumbo encontramos tres lagunas de diferentes magnitudes: la primera de las tres formaba un triángulo rectàngulo, unidas por un bañado: su agua salobre, llena de junco, accesible por varias partes: cuatro y cinco pies de profundidad: su fondo lama y barro: alguna leña de duraznillo en sus alrededores: situadas en un terreno hùmedo, ó mas bien bañado: crecidas maciegas las rodean.
La mayor, que forma el vertice del triàngulo, y que se halla à la derecha del camino, tiene 450 varas de circunferencia, las otras dos, situadas à la izquierda, son de 360 á 380 varas. Su nivel es el del terreno. Distan unas de otras de 1-½ á 2 cuadras, encadenadas por algunas fuentes de buena agua. A la media legua mas adelante se encontró otra de 400 varas de circunferencia, y con las mismas calidades que las anteriores, sin ninguna diferencia. A ¼ de legua mas adelante, y con el rumbo anterior, apartàndonos mas de dos millas del arroyo que costeábamos, encontramos otro que parecia unírsele á muy poca distancia.
Mientras la comitiva de la Comision seguia adelante, nos dirigimos siguiendo su curso al S, à averiguar si era positivo que sus vertientes se hallaban en la Sierra Amarilla, en la parte mas oriental de ella. Reconocimos 3-½ leguas, no quedando duda de su orìgen, comprobándose las noticias que el indio baqueano nos aseguró. Retrocedimos por la misma ribera al N para reconocer su desagüe. En efecto, 1-¼ leguas del paso, siguiendo su curso al N 5° NE, se encontrò en el arroyo, aumentado considerablemente su cauce. A este arroyo se le dá el nombre de Quelro-leufú, (ó arroyo pantanoso), corre de S 5° SO à N 5° NE, su agua buena, su nivel el del terreno, serpenteando en forma de cañada, sin barrancas: la latitud de su cauce ocho á diez varas, su profundidad cuatro à cinco pies, sus riberas cubiertas de una maciega, su fondo barro y alguna zarza, en su paso pantanoso y no accesible; por esta razon en otros puntos la velocidad de su corriente se encontrò menor que la del anterior: en 20" de tiempo recorriò un cuerpo el espacio de 25 pies, cuando el otro en igual tiempo recorrió 32 pies, hallàndose sus velocidades en la razon de 5 à 4 comparativamente. El terreno por donde corre es mas bien un bañado: à nuestro trànsito, à pesar de la seca que habia agotado las lagunas de todo el pais, las costas de este arroyo eran intransitables: terreno hùmedo y blando, tierra negra y pantanosa: su cauce aumenta el descrito anteriormente: ambos, desde su punto de union, forman el rio conocido con el nombre de Tapalquen, que [{164}] desagua en el de las Flores, cuya desembocadura, como hemos dicho, fuè reconocida al paso por dicho arroyo.
A dos leguas del paso del arroyo, se hizo en la márgen de una cañada, con el objeto de pasar allí la noche: desde el arroyo viramos al E 25° NE: à cuatro cuadras del paso con este rumbo se encontró el camino que desde aquel comienza para la Guardia del Monte, trillado y frecuentado por los indígenas en su tràfico à esta guardia y otras mas al sud. Se hicieron seis leguas de jornada, y en línea recta 5-¾, por un campo malísimo desde el punto de salida. La seca de la estacion nos favorecia, de lo contrario era intransitable este terreno con carruages. La tierra ó barro (porque todo era con corta diferencia un bañado) negro, á ¼ de profundidad se encontraba greda: los pastos cortos y malos; en parte se encontraban maciegas elevadas, como en las orillas del arroyo, cañadas &c. En la cañada donde hicimos alto, pasaban los pajonales de dos varas en sus orillas: tenia siete á nueve varas de ancho, y su cauce, de cuatro á cinco pies de profundidad, sucio y pantanoso. Su curso de ESE ONO manifestaba desaguar en el arroyo Tapalquen, y en efecto reconocido, siguiendo su curso al ONO, encontramos el arroyo y su desembocadura: sus riberas eran intransitables por los pajonales y pantanos.