28, DOMINGO.

En este dia se celebró misa, y á las 9 continuamos la marcha hasta las 11 y media, quedàndonos à distancia de la Cruz de Guerra como legua y media, por ser excesivo el calor, para continuarla á aquella hora, y no fatigar demasiado el ganado.

Aquí se presentó el primer indio, con recado del cacique Turuñan, expresándome que me esperaba en Salinas. Y á las 3 de la tarde nos pusimos en viage para la Cruz de Guerra, á donde llegamos á las 6, en cuyo punto estaban ya reunidas el resto de tropas que forman la expedicion; y entre ellas habia una porcion considerable de indios de la comarca para la novedad los mas, y á tratar algunos con ganados, caballos y otras especies con que hacen sus permutas. El terreno caminado este dia es falto de aguas, pero muy abundante de pastos, y bastante firme, aunque arenisco, mezclado con tierra negra, sin que en este ni en los anteriores haya descubierto hormigas, desde el Rio Salado, como sucede comunmente en los demas, hasta la capital.

29, LUNES.

En este dia dispuse colocar los 9 esmeriles y cañones en estado conveniente para cualquiera necesaria defensa, con la tropa que habia quedado en dos tiendas de campaña; poniendo de las milicias doble custodia á las haciendas, y destinando patrullas que celasen sobre los indios que trataban, para impedirles la bebida de noche, prohibiendo á los pulperos ò vivanderos su venta. Como á las 9 de la mañana, recibí recado del cacique Lincon, en que me daba parte habia pasado noticia á los caciques comarcanos para venirse, y venir juntos: que le esperase en el punto en que me hallaba, y que al mismo tiempo le mandase algun aguardiente y yerba para él y sus gentes.

En el resto del dia recibí otros varios mensajes de diferentes caciques, con las mismas pretensiones, por medio de los que decian ser sus hijos, y con miras de llegar al siguiente dia al campamento. Entretanto se aumentaba prodigiosamente el número de indios espectadores y tratantes, que ya se hallaban confundidos, peones, carretas, y carreteros, con la poca tropa, siempre sobre las armas: procurando sí, mantener estas y los cañones y esmeriles, libres para cualquiera evento fatal que amagaban las borracheras de los indios. Quedaron sin embargo armadas de lanzas todas las carretas, y citados los carreteros para el siguiente dia á concurrir á la comandancia con sus gentes, para oir y entender el bando de estilo, y órden de la marcha, y demas prevenciones necesarias. En la tarde de este dia fueron muy repetidos los avisos de los indios caciques, y sus gentes que pedian permiso para entrar á tratar: que sus tratos son pedir aguardiente de regalo, ó en cambio de algunas gergas y ponchos, y sin embargo de su multitud, se pudo observar, sin que advirtiesen esta operacion. Se continuó el dia y la noche siempre sobre las armas, sufriendo infinitas impertinencias, por no tocar el estremo de desavenencia, esperando mejorarse con la presencia de los caciques, y con miras de marchar al siguiente dia, luego que se reuniesen los hombres enviados à los toldos de Lincon.

30, MARTES.

En este dia, á la seña dada de un cañonazo, se reunieron los troperos y sus gentes para imponerse del bando que se publicó en los cuatro ángulos del campamento. Formada la tropa de infantería y caballería á son de caja en la forma ordinaria, con asistencia del comandante de la tropa y ayudante mayor, reducido su tenor á prohibir á los peones y tropas el mezclarse á beber, comer, ni dormir con los indios, para evitar riñas y robos recíprocos, que comunmente se cometen por este motivo: ordenar á los vivanderos á que no vendiesen de noche cosa alguna á los indios, ni los alojasen en sus barracas, bajo las penas de privarles de hacer ulteriores ventas: que los peones obedeciesen y cumpliesen con sus respectivos cargos, pues al inobediente se le castigaría segun sus excesos; haciéndoles culpa y cargo à los dueños y capataces si no daban parte, pues para su sugecion encontrarian siempre pronta la tropa en la guardia de prevencion: que las tropas formarian en la marcha cuatro líneas de frente siempre unidas, con las haciendas á los costados; y que, en el caso de alguna invasion de los infieles, las dos líneas del centro se incluirian en las de los costados, frente y fondo formando un cuadrilongo, en el que se meterian las haciendas, y colocaria la artillería y esmeriles, como estaba dispuesto para este caso. Y distribuida la gente, que reconociesen todos por segundo comandante de la espedicion al teniente de ejèrcito del regimiento número 4, D. Josè Ramon de Echavarria; por ayudante mayor, á D. Pedro Villegas, alferez del mismo regimiento, y por ayudante auxiliar, al capitan de milicias provisional, D. Ramon Morales: de que quedaron todos los individuos enterados. En seguida mandé reconocer el número de carretas de carga, de media carga, y carruages de que se componia la espedicion, su estado para poder caminar, número de bueyes repuestos y peones, para formar un estado y dar á la Superioridad y Exmo. Cabildo el parte de estilo: lo que se verificó con puntualidad. Y segun èl, se compone de 172 carretas de carga, 55 de media carga, y 7 carretones ó carruages de camino, con 2,927 bueyes y 520 caballos, que, inclusa la tropa, las conducen 407 hombres. Los efectos de la bebida en el indio son los comunes, pero con una violencia y desafuero estraño: recuerdan los agravios hechos á sus mayores y deudos, y se empeñan en vengarlos en aquel acto, de que nacen frecuentes pendencias entre sí, hiriéndose y matándose mutuamente á vista de sus caciques y padres, sin respeto á nadie, y muchas veces acometiéndolos. El español debe ser siempre un insensible espectador, sin auxiliar á nadie, aunque les vea hacer pedazos: porque en el momento que lo haga, el auxiliado y el contrario le acometen, improperándole. Es un acto de cobardia entre ellos reparar ó quitar el golpe, y por lo mismo se hieren de muerte, y matan. El emborracharse es una de sus mayores felicidades, y los caciques dan el ejemplo: para esto observan una franqueza y generosidad muy particular. Un cacique no tomará sin la concurrencia de sus indios: es cosa muchas veces observada, que si no hay mas que un cigarro, todos han de fumar de èl, pasándole de mano en mano, y así con los comestibles, en cuanto se presente. Para estos alardes, que por tales los tienen, vienen á su usanza todos pintados los rostros, de negro unos con lágrimas blancas en las megillas, de colorado otros con lágrimas negras y párpados blanqueados, con plumajes y machetes, reservando las lanzas bien acicaladas, en una hasta de 6 varas de largo, con mucho plumaje en el gollete, en los toldos, para hacer el uso que convenga de ellas, segun el resultado de los parlamentos. En el resto del dia se fueron aprestando las cosas para marchar el de mañana, respecto á la demora de los caciques: y se nos enfermaron gravemente el padre capellan, y el lenguaraz Manuel Alanis, y se continuó la vigilancia sobre las armas, por el copioso numero de indios que se iba aumentando.

31, MIERCOLES.

En este dia, siendo ya las 10 de la mañana, sin que aun pareciesen los caciques, dispuse marchar por la tarde para esperarlos al paso en los Monigotes, jornada precisa: pero á la una llegó chasque enviado por ellos, diciéndome que venian ya marchando. Salí á recibir al cacique Lincon, que venia con los caciques, Medina, Cayumilla, Aucal y Gurupuento, á quienes se les atendió, haciéndoles una salva de 4 cañonazos que aprecian mucho: porque, ademas del placer que reciben en este agasajo, estan persuadidos de que con este remedio se ahuyenta el diablo y las brujas, de quienes, segun dicen, reciben muchos daños. A poco rato llegaron, Clento, Turuñan, y el hijo de Epumel, con mas el anciano Oquiro. A todos se les obsequió con mate de azucar, se les dió yerba, tabaco, pasas, aguardiente y galleta de pronto; y despues entraron en sus parlamentos muy autorizados, manifestando que era un acto de su generosidad permitirnos el paso. Cada uno se decia principal de la tierra á vista del otro, concluyendo con ofertar su gente de auxilio, y pidiendo permiso para alojar en el campamento con sus gentes, y para tratar con los vivanderos. Se les señalò este á la posible distancia, y concedió su peticion: y desde el alojamiento eran frecuentes los mensages de peticion de aguardiente para ellos, para sus deudos y tolderias; y estas demandas crecian: en razon de su aumento de embriaguez, al principio con modo, y al fin con amenazas y de por fuerza, hasta que totalmente ebrios, los rendia el sueño ó laxitud de nervios á no poderse mover. Los llantos, voces y alaridos duraron casi toda la noche; quedando libres los pocos, que en cada parcialidad velan sobre los demas, que despues se emborrachan á su vez, y roban cuanto pueden á los demas: otro vicio que los domina extraordinariamente. En esta alternativa de cuidados se pasó el resto de la tarde y noche, deseando aclarase el dia para emprender la marcha á los Monigotes, donde esperaba Epumur: pero como el último vale ha de ser tambien el último agasajo, restaba esta demora, que fué preciso vencer, sin que ocurriese mas novedad.