A las 8 de la mañana seguimos la marcha, y á las 11 y cuarto llegamos á las inmediaciones de la Laguna del Monte: esta laguna tiene un islote de montes como de 10 á 15 cuadras de frente, ó lo que es lo mismo de 1,500 á 2,000 varas. Contiene frondosos y espesos árboles sin poderse reconocer qué clase de maderas, ni cual sea su estension ó circunferencia, por hallarse circuido por todas partes de agua, por el gran caudal de ellas que le subministran el arroye Guaminí, y muchos otros derrames de la Sierra de la Ventana. Esta confluencia de aguas le dá mas de 3 á 4 leguas de largo, y segun las lluvias, toma mas estension, porque se une con otras mas al nord-este que forman otros derrames de la misma Sierra de la Ventana: y por la parte del sud-oeste llega á enlazarse con la laguna que llaman de los Paraguayos, y entonces pasa de 7 leguas de longitud: en tiempo seco deja algunos pasos, desde el camino de nuestra derrota á la parte opuesta de la sierra. Es muy abundante de pescado, sus aguas son saladas, y á sus inmediaciones se encuentran pequeñas lagunas de agua dulce. En este dia se demarcó nuevamente la Sierra de la Ventana y la de Guaminí, por ser el punto de mayor aproximacion segun nuestra derrota. De aquí se reconoce que dicha Sierra de la Ventana en su periferia ó cumbre, y término de mayor elevacion, forma 15 quebradas, unas de mayor y otras de menor altura. Estas son vertíces de triángulos cortados entre sí: la base es verdaderamente rectilínea. En la jornada y derrota de este dia se han reconocido, al rumbo de sud-sud-este, 3 lagunas de agua dulce y 2 al nord-nord-este. A las 3 de la tarde nos pusimos en marcha, y llegamos al parage nombrado el Junco Grande: antes de llegar, como 1,000 varas al costado del nord-nord-oeste del camino, encontramos una laguna muy abundante de delicada agua, á la que se puso el nombre de Laguna Hermosa.

10, SABADO.

A las 7 y media de la mañana nos pusimos en marcha hasta las 11 y media: á las 12 se observó junto á una laguna, que por no tener nombre se le llamó de Santa Rosa. La sierra del Guaminí quedaba al rumbo del sud 15° sud-este, y la de la Ventana al este, cuarta sud-este. A las 2 y media de la tarde marchamos, y á las 6 y media llegamos á la Laguna de los Paraguayos, en donde, como á la distancia de 1,000 varas para el sud, se hallaban 3 caciques con bastante número de indios formados en batalla, con una bandera blanca enarbolada en una chuza: desde cuyo punto mandaron un mensage, pidiendo permiso para entrar á la salutacion de costumbre, que se les concedió, y recibió en el modo acostumbrado. Estos caciques eran Millapue, Joaquin Coronel, y Leymí, parientes parciales y amigos de Victoriano y Quinteleu, y encargados de proteger la expedicion. Venian con recomendacion de aquellos, para que se les otorgase un dia de trato, á que fuè preciso condescender, y obsequiarlos como á amigos y aliados, en la tarde de aquel dia y noche. Manifestaron todos el gran aprecio y respeto que tenian á Quinteleu, y que estaban enterados de las miras de aquel, cuyo sistema seguian. La impertinencia de la embriaguez fué grande en la gente; pero los caciques se mantuvieron serenos sin mesclarse en tales excesos, sufriendo los insultos de sus mismos indios en la tarde y noche de aquel dia. Trageron ganados y caballos á vender, de que se abasteció la armada necesitada, bien que á precios poco còmodos. Se me dió parte haberse dado alta á 4 enfermos, y haber entrado un peon mortalmente herido por haberle cogido una rueda de carreta que picaba: se confesó inmediatamente. La noche se pasó toda sobre las armas, para evitar desgracias y separar la mezcla de peones con los indios, lo que se consiguió sin novedad. Tambien en este dia se recibió enviado del cacique Antenau, pidiendo le esperase: pero se le contestó, que no podia detenerse la marcha, por los muchos enfermos que llevaba la expedicion; pero que si queria venir y entrar en la parada de mediodia, lo hiciese cuando gustase. Que por esta causa no podia mandarle al vaqueano Leyva, y dos soldados ó mas que pedia para que le acompañasen.

11, DOMINGO.

Continuando la embriaguez y acaloramiento de los indios que en sus pendencias reñian, hiriéndose barbaramente, y siendo forzoso estar sobre las armas, no se pudo celebrar misa. Procuré abreviar la marcha, manifestando á los caciques el perjuicio de la demora, en que convinieron prontamente de buena voluntad: y haciendo al mismo tiempo retirar la peonada, que desde la tarde anterior habia estado haciendo acopio de junco (de que abunda dicha laguna) para hacer las trojes de las carretas, quedó todo pronto á las 4 de la tarde. A esta hora, á pesar de una tormenta furiosa de viento, truenos, lluvia y rayos, marchó la expedicion, hasta alejarse de la laguna como legua y media. La tormenta venia por el sud-oeste: pero, habiendo arreciado el viento por el sud, echó la fuerza de la tormenta al nord-nord-oeste; y como creció el aguacero sobre nuestra posicion, y el viento seguia de la misma conformidad, fué necesario parar, y pasar una noche trabajosísima para sugetar las haciendas que dispersaba la tormenta. La gente fué igualmente necesario que se mantuviese á la intemperie, la mas cruda que puede imaginarse.

12, LUNES.

A las 6 de la mañana nos pusimos en marcha, y á las 11 y media parámos al frente de 3 lagunas de agua dulce, encadenadas al costado del sud, quedando otras mas, hasta 7, hácia el norte. Unas y otras forman barrancas altas, y la mayor parte de ellas se comunican por unos arroyuelos que hacen los cauces de sus derrames. Las de la parte del sud son generalmente saladas, y las del costado del norte, dulces. Los bordes son en general de piedra y de tosca dura. A la parte del norte del camino se ven lomas y mèdanos de bastante elevacion, y en estos se encuentra por lo comun muy buena agua. Los terrenos y pastos de esta situacion son buenos, la superficie es plana, y es la razon porque estan habitadas todas estas inmediaciones de toldos de indios, con crecido número de ganados vacuno, caballar y lanar. A las 3 de la tarde nos pusimos en marcha, y á las 5 y media llegamos á la Laguna de los Patos, continuando el terreno en el mismo modo que el anterior. Descubrimos como á distancia de una legua un árbol, que por hallarse sobre una loma, y ser cosa estraña, llamó la atencion. Se reconoció ser un chañar espeso, desde cuyo punto por una cañada ò bajo que se presenta á la vista, se descubrieron otros varios árboles, y á mayor distancia un bosque, que resultó ser parte del monte de la Laguna de Salinas. Ya al sol puesto llegò un mensage de parte del cacique Anteneu, pidiendo licencia para venir á tratar á las Salinas que le fué otorgada. Se me dió parte haber salido ó dado alta á dos enfermos en este dia, y haber enfermado dos soldados y un peon, y no ocurrió mas novedad que la de no haberse podido observar.

13, MARTES.

A las 5 de la mañana se continuó la marcha, y á las 8 y media llegamos al borde de la Laguna de Salinas, y se situaron las carretas en línea de circunvalacion sobre ella, para disponer lo conveniente en órden á la carga y refaccion de carretas. Reconocido el terreno mas aproposito, mandé formar el campamento en el punto mas dominante que presenta el cuadrilongo de la laguna, que es casi en su mitad, por el costado del norte corregido, apoyado sobre una barranca como de 20 varas de alto, y proveido de 2 manantiales de agua dulce. Allí se establecieron los 2 cañones al frente de la única entrada que franqueaba la lìnea formada de carretas, situadas las tiendas de campaña para la tropa y guardia de prevencion, y á su retaguardia la demas tropa, para que, reunida, se hallase mas pronta en todo acontecimiento. A las 10 de la mañana se presentó el cacique Antiman, y el cacique Caluqueo, con sus gentes armadas de armas cortas, pidiendo licencia para entrar á parlamento, á quienes se les otorgó y recibió, haciéndoles su saludo de artillería. Manifestaron desde luego haber recibido mensajes del cacique Lincon, en que les avisaba de nuestra venida con miras de hostilizarlos y formar poblaciones. Se les hizo entender la falsedad de Lincon y su mala fé, comprobándola con las aserciones de los indios que habian presenciado la ocurrencia: quedaron al parecer satisfechos y procuraron hacer algunas permutas con sus tejidos y peleterias, y exigir las gratificaciones de estilo, de bebidas, yerba, tabaco y otras especies, que fue necesario darles con todo agasajo y sufrir sus embriagueses que continuaron por algunos dias: hasta que fueron acercándose los indios Ranqueles, que trataron en cargar de sal y retirarse, por no encontrarse con aquellos de quienes son enemigos. A las 7 de la tarde llegó un enviado del cacique Victoriano, averiguando nuestra llegada, pidiendo permiso para llegar al campamento al siguiente dia; que le fué otorgado.