El primer medio convengo en que los escarmienta, y contiene por algun tiempo, hasta que se rehacen para acometer con mas acaloramiento, asechando las ocasiones mas ventajosas de hacerlo. Su carácter feroz y vengativo, hace que jamas perdonen el agravio, y para no olvidarlo, en todas sus concurrencias y parlamentos se refieren aquellos acontecimientos con llantos y renovados duelos, y pasan á sus hijos y descendientes el mas serio encargo de sus venganzas, que duran tanto como las familias de agresores agraviados.

El segundo, que es de la amistad, los habilita para que á su retirada á los toldos roben impunemente, como lo hacen con cuanto pueden abarcar sus fuerzas, y sin estrepito nos arrasan diariamente los campos, reduciendo á nuestros ganados y chacras del Salado á una miseria espantosa: sin que por esto dejen de reunirse en diferentes épocas del año varias tribus, para hacer cuantiosos robos, ojeando antes los rodeos que han de asaltar, asociados, ó talvez conducidos de nuestros transfugas gauchos de sertores. De este modo no solo han arruinado nuestras estancias, sino que tienen miras de hacer desaparecer de entre nosotros toda especie de ganados, sin que para comprobar estos hechos sea necesaria otra observacion, que las que presentan las recolecciones de diezmos, ya sea por un quinquenio, ó cotejando el último año por el anterior.

Es cosa bien dolorosa ver á muchos de nuestros hacendados desvelarse tres y cuatro años, impendiendo ingentes caudales para establecer un rodeo de 10, 15 ó 20 mil cabezas de ganado, y que cuando en la noche de su descanso meditaban recompensar sus fatigas, disponiendo la venta de su hacienda, amanecieron sin una sola res, por habérsela robado los indios. D. Pedro Perez, D. Mariano Veliera, D. Agustin Garcia y otros, con casi todos los fronterizos en la línea, pueden testificar de la verdad de estos hechos.

No será exceso asegurar, que en lo que ocupa la línea de frontera exceden los robos anuales de 40,000 cabezas de ganado vacuno, y acaso igual ó mayor número de caballos, yeguas y mulas, sin que basten á contenerlos las reconvenciones del Gobierno, y sus reiteradas ofertas de buena amistad; porque siendo sus campos tan dilatados, como sus poblaciones en pequeñas tribus, eluden fácilmente el cargo, asegurando los del S que son los del O, y estos que aquellos. Y á la verdad que guardan una perfecta alternativa en los robos, haciendo de ellos un comercio activo estacional, vendiéndolos y permutándolos en sus importes á los indios Araucanos limítrofes por los Andes, cuya codicia arrasadora apresura nuestra ruina, si no se repara activamente.

Aquellos nuestros compatriotas, familiarizados con ellos por huir del castigo de sus delitos, sirven de guia unas veces, y otras de verdaderos conductores; á los cuales no solo protejen los indios, sino que á viva fuerza defienden sus personas, si algunas veces perseguidos se acojen á sus toldos, como repetidamente se ha visto y yo lo he experimentado.

Seis años de no interrumpido trato con estos infieles, habiendo antes cuidadosamente viajado por sus mas interiores terrenos, hasta el centro de su mayor número de tolderias, y aun con este motivo podido atraer á partido y consiguiente amistad a los caciques principales, me han señalado sus localidades, y hecho conocer con menos equivocacion lo falaces que son en sus ofertas, el doble y capcioso trato con que se presentan, suponiendo siempre representaciones que no tienen, y ofertas que jamas pueden ni tienen miras de cumplir.

Es pues necesario tener presente, que cada familia forma un patriarcado, y se mira independiente de los demas; y por eso con sus casas volantes ò toldos, sus ganados é hijos se transponen de uno á otro punto de este continente, ó al occidente de la Cordillera, si por sus excesos temen ser atacados por nosotros ó por sus mismos convecinos.

El cacicazgo por lo general, entre esta clase de indios, no es de sangre, como firmemente lo observan sus ascendientes los Araucanos: es por eleccion, y solo para los casos de guerra y parlamentos, y fuera de esto no le guardan respeto ni miramiento alguno, y en sus riñas salen tan descalabrados los gefes como los demas, si no tienen la suerte de defenderse con destreza, que en tales casos y resultas es cuando se acreditan para ser elevados á caciques. Pero reconocen sin embargo con respetuosa sumision á los que llaman ulmenes, ó caciques gobernadores, de cuya clase hay solo dos en el grande espacio de tierras que se halla desde la costa occidental del Rio Negro, faldas orientales de la Cordillera de los Andes, fronteras de Cuyo y Córdoba, hasta la nuestra del Salado. Uno de ellos manda en la parte del O, fronteras de Cuyo, Córdoba y montes de su comprension, desde las sierras hasta el Rio Negro, y sobre las costas del mar hasta nuestros establecimientos. He tratado á los dos, el primero en el centro de los terrenos de su gobierno, y el segundo por medio de este, y emisarios que se le remitieron para que ocurriese á un parlamento.

Cuando estos ulmenes aparecen en las grandes concurrencias de sus indios y caciques subalternos, van precedidos de varios indios músicos que les tocan unas flautas muy lúgubres, cornetas, y arcos de cuerdas que hieren con otras, á manera de las que usan los negros, y á su retaguardia los esclavos que tienen hechos de todas clases en sus guerras. Todos á proporcion salen á festejar á su ulmen, y he visto quitarse las mantas y jergas, quedando desnudos, para regalarselas al Gobernador que no se escusa de recibirlas: y este, que regularmente es dotado de buen pulmon, les hace frecuentes arengas dirigidas siempre á infundirles espíritu contra sus enemigos, teniéndolos siempre en menos. Comparecen luego los caciques subalternos á su presencia, confieren cuanto de la última vez que se han visto y reunido ha pasado á sus familias, recomiendan la venganza de sus desgracias, y si en la reunion hay 30 ó 40, el que tiene la palabra ha de saludar despues del ulmen á todos, refiriéndoles lo mismo; por manera que se repite una misma cosa tantas veces cuantos son los concurrentes, y lo mismo las respuestas; y de este modo, en falta de escritura, transmiten á la posteridad por expresion ó noticias las desgracias á los demas, para que siempre vivan en la memoria de las generaciones futuras los acontecimientos, á la manera que refiere el Inca Garcilaso de la Vega, lo hacian sus mayores.

Enterado muy por menor el Exmo. Señor Gobernador de las precedentes ocurrencias, y convencido de la nulidad de las ofertas de caciques subalternos, mientras los ulmenes no asistiesen á sus propuestas, procuré atraer á estos por medio de emisarios que se le remitieron por mi conducto, y solo pudo conseguirse la comparecencia de aquel del O, que yo habia tratado en el centro de su gobierno, el cual se presentó con otros caciques sus subalternos ante el Superior Gobierno, quien desde luego en la conferencia que presencié, no distó de asentir á la solicitud del establecimiento de nuevas poblaciones con bastante llaneza. S. E. dirigió luego la palabra á los demas caciques, y estos respondieron, que á presencia de lo dispuesto por su gefe, nada les restaba mas que obedecer. Pero el cacique gobernador añadió, que consideraba oportuno formar un parlamento, á que concurriese el cacique gobernador del sur, asentar en él los capítulos de paz, amistad y poblaciones que hubiesen de establecerse, de cuyo modo se alejarian desconfianzas recíprocas. Para ello se me encargó por la Superioridad procurase medios de hacerles entender los deseos que animaban á S. E. de entablar una amistad mas íntima con dicho cacique ulmen, y que á la manera de su compañero se prestase á venir y recibir personalmente las mas seguras pruebas de sinceridad de ella.