Nuestras nuevas poblaciones, alimentadas en su cuna de la labranza y ganados, con otros ramos, que segun sus situaciones les serán privativos, saldrian pronto de su infancia, porque ni están conocidas sus ventajas, ni la facilidad de sus exportaciones, ni tenemos mas idea de ellas que la de su feracidad, consiguiente al sano terreno que disfrutan entre el 4.º y 6.º clima, ó lo que es lo mismo, lo mejor de la zona templada austral.

Fué muy errada y absurda la política de los primeros pobladores, en pretender hacer conquistas con las bayonetas, privando à los indios de gustar de los placeres de la sociedad, para que se acercasen á ella; y yo me persuado que no lo es menos proponerse un sistema de amistad aparente, con quien solo la conserva en cuanto le es proficua, y se aparta de ella en el momento que puede cometer una perfidia con impunidad, afianzado en la buena fé de su contendor. Este sistema á medias y mal conducido, causa mas daños que una viva guerra: de esta se precaven y se apartan recíprocamente los beligerantes con una continua alarma, pero de la paz aparente no puede repararse el que descansa en la buena fé. La experiencia me ha hecho conocer estos asertos, y solo la vigilancia me ha librado mas de una vez de sus tramas, para no haber sido víctima de su mala fé.

Nos hallamos en tal situacion, que es preciso jugar alternativamente de las dos armas; es decir, que dando un valor que no pueden tener para con los indios á los sagrados nombres de la amistad y de la buena fé, debemos decorarlas con el respeto de las armas, y nunca hacer uso de ellas, sino en los apurados términos de una agresion: cuyo derecho saben bien defender, y no lo desconocen en el caso inverso, sometiéndose á toda fuerza imponente antes de sacrificarse, como lo he visto, siendo testigo de la ocurrencia y castigo que le hizo D. José Amigorena en el año 80 y posteriormente en esta campaña.

Una armada, que nos diese decidida y segura ventaja sobre todas las tribus de indios que se hallan en los terrenos expresados, no seria tan dificil reunirla, como imposible mantenerla en aquella campaña el largo tiempo que era necesario para perfeccionar esta obra. Es pues indispensable que por partes se emprenda, dejando siempre asegurada la retaguardia y los víveres que han de servir á los puntos que se avanzan, ademas de cubiertas las haciendas.

Este órden, que deberá precisamente guardar conformidad con los pactos que se estipulan, alejará las desconfianzas que siempre tienen los indios de ser atacados, y al paso que se afirma la poblacion, se reconoce topograficamente el terreno que se le asigne por jurisdiccion; se ubican los que deben repartirse á los propietarios, se observan sus cualidades, feracidades y proporciones, con todos los demas ramos que puedan serles peculiares en su cultivo: y al mismo tiempo que se emplea la policía en el órden, ornato, moralidad y padron de los pueblos, con lo material de su formacion, se levantan los planos geográficos, esféricos y topográficos, y señaladamente el que corresponda del fuerte á la arquitectura militar, con cuyas copias originales debe instruirse al Gobierno Superior, para que á un golpe de vista registre y pueda conocer el adelanto que hubiere: de otro modo obraremos informemente, cometiendo, ó aumentando errores á los que tenemos en nuestras poblaciones.

No ha podido darse para la América mayor desgracia, que el olvido y abandono de tan interesantes obras; porque no hay un pais en el globo que mas lo necesite, por la disposicion de sus terrenos y lugares, en que se hallan las fuerzas de los preciosos metales y demas riquezas de la naturaleza, que forma la cadena que enlaza las naciones, para que reunidas formen un pueblo hermano y comerciante. Pero si hasta estos tiempos hemos marchado por sendas, y sin mas direccion que la de rudos viajantes, hoy debe apresurarse este gobierno á emplear sus mas brillantes talentos en los interesantes objetos que han de formar su conservacion, y la alternativa con las demas naciones constituidas, dando económica direccion á sus intereses, para no ser precario de potencias extrañas y provincias continentales. El objeto sin duda será prontamente desempeñado, si se encomienda á genios mas fecundos, que mejorando las ideas, corrijan los errores en que abunde cuanto llevo indicado.

El Arroyo de las Flores, los rios Azul, Tapalquen, Sauce Chico, Guaminí, Sauce Grande y Colorado, son bastante conocidos en la ruta á Patagónica, y aun á muchos de nuestros antiguos hacendados. Lo son igualmente las sierras del Volcan, Tandil, la Ventana y Guaminí. La primera hace su apoyo en la costa del mar, extendiéndose hácia la segunda, y alternativamente se sobreponen en elevacion, hasta la de la Ventana, con intermedios de valles, lagunas y cañadas: y la de Guaminí, mas baja, se prolonga al SO, hasta que sus faldas entran en la superficie comun en los 37° de latitud, en el paralelo de la Laguna de los Patos, segun observé, reconocí y ví en 15 de Noviembre de 1811, de órden del Superior Gobierno.

Las sierras, valles y rios hacen mas apetecibles las poblaciones, por la constancia de sus aguas y pastos, y porque proporcionan mas segura defensa. Los rios que vierten al mar (que son los menos), acaso darán cauce á las exportaciones: pero el Colorado en su embocadura tiene la famosa Bahía de Noé, donde pueden anclar miles de buques de todas partes. Omito referir la ansiedad de los extrangeros por este puerto, que hoy no frecuentan recelosos de ser invadidos de indios, pero que tienen interes conocido de ocuparlo por sus producciones, y que al fin arrostrarán allanando los obstáculos, y doblemente se esforzarán á ello si emprenden su interior reconocimiento.

Es una quimera el pretender fijarse, como algunos quieren, en solos y determinados pasos de los rios Colorado y Negro, para persuadir que ocupados estos, no habrá salida de robos, ni introduccion de los indios del S llamados Huilliches á nuestros campos. Son varios los pasos conocidos. En los años de 1804 y 805, D. Luis Cruz y D. Justo Molina pasaron el rio por diferentes puntos, saliendo á la guardia de Melinqué. Los negociantes con los indios de Penco, llevan el camino de Salinas al Cerro de Huaracalen, y desde allí al Moylin (que es el Colorado, de barrancas muy altas de greda colorada con que se pintan los rostros los indios), hasta topar con las orillas de Neuquen; y ademas es conocido otro paso de este rio en la ruta á Patagones, ocho leguas mas arriba de su confluencia en el mar.

Del Rio Negro se dice lo mismo, por el paso que llaman de Chuelechel, pero los que le han navegado con Villarino, (que aun existe alguno) dicen lo contrario, á saber: que despues de navegadas á sus nacientes como 80 leguas, franquea repetidos pasos; y por lo tanto, debemos fijarnos, á virtud de los reconocimientos, en la certeza que corresponde, y esto se hace fácil, habiendo proteccion constante del Gobierno y actividad en el gefe comisionado.