Algunas familias, en las que soy extranjero, me han querido dar la limosna de su calor doméstico, convidándome á comer,—¡porque ya no cenamos!...—Pero yo no he ido; yo no quiero eso; yo busco mi cena pascual, la colación de Noche-buena, mi casa, mi familia, mis tradiciones, mis recuerdos, las antiguas alegrías de mi alma... ¡la Religión que me enseñaron cuando niño!
VI.
¡Ah! Madrid es una posada.
En noches como esta se conoce lo que es Madrid.
Hay en la corte una población flotante, heterogenea, exótica, que pudiera compararse á la de los puertos francos, á la de los presidios, á la de las casas de locos.
Aquí hacen alto todos los viajeros que van de paso al porvenir, al reino fantástico de la ambición, ó los que vuelven de la miseria y del crimen...
La mujer hermosa viene aquí á casarse ó á prostituirse.
La pasiega deshonrada á críar.
El mayorazgo á arruinarse.
El literato por gloria.