Estas máscaras pregoneras, que son las más terribles, suelen ir hasta en coche, ó asaltar el que primero encuentran: á veces van á caballo: hablan con las gentes que ven en los balcones; penetran en algunas casas; acuden á los cafés; paran á los transeuntes; nada perdonan, en fín, de cuanto puede contribuir á su tremenda incontrastable soberanía.
Tal es el Carnaval en Madrid, donde, á consecuencia de nuestras revoluciones y áun de nuestro caracter nacional, la sociedad se compone de un solo vastísimo círculo que incluye todas las clases cultas y en que todos se conocen y tratan.
No: no es el Carnaval entre nosotros la desaforada orgía de otras capitales de Europa, en que millares de individuos que no se han visto nunca, convierten las plazas y los teatros en otras tantas casas de locos: es una innumerable tertulia de personas que se aman, se temen, se odian ó se necesitan, en la cual se ha apagado la luz y andan las gentes á tientas diciendo verdades como puños y relajando en lo posible los vínculos estrechos de las conveniencias sociales.
1859.