Pues tan filósofo érais; pues tanto despreciabais la vida, ¿por qué no moristeis como Eróstrato?

Así, al menos, hubierais llegado á la posteridad.

¡Qué! ¿No hay ya ningun Templo de Diana que quemar para hacerse célebre?

¿No sabíais la historia del Lagarto de Jaen?

VIII.

Muy señor mío y de mi mayor consideración:

Mucho tiempo hace que no lee V. los periódicos.

Antes, todas las mañanas, en la cama, después del chocolate, se aprendía V. de memoria el correo extranjero de El Clamor Público, y se levantaba V. tan satisfecho como si acabara de recorrer toda la Europa...

¿Cómo puede V. pasarse ahora sin saber lo que sucede en estos mundos de Dios?

IX.