Tu lacayo tiene la insolencia de vivir más que tú.—Él toma el sol, respira el aire y va al teatro de la Zarzuela, mientras que á tí te comen los gusanos...

¡Duque! ¡Señor duque!

XII.

¡Duermes al fín!...—¡Ah! sí, descansa, descansa en paz!

¡Ya eres más dichosa que yo!

Cuando mi aparente dicha hería como un sarcasmo tu infortunio;

Cuando tus desventuras me vengaban;

Cuando un prematuro otoño te brindaba frutos enfermizos, que no eran la cosecha de la vida, sino los esqueletos de sus flores;

Cuando, sin fé, sin amor, sin esperanza, era tu porvenir una maldición, tu pasado un remordimiento, tu presente un páramo de horribles decepciones;

Cuando, perdida la juventud del alma y la frescura del cuerpo, te mirabas y no te conocías, me mirabas y llegabas á conocerme, y á temblar, y á arrepentirte;