¡Año nuevo! repiten algunos con alegría, como si dijesen: ¡levita nueva!...—¡Ah, señores! ¡Contened vuestro entusiasmo! ¿Quién sabe si el año que hoy estrenáis habrá de ser vuestra mortaja?
¡Año nuevo!—¿Por qué? ¡Año limpio fuera más exacto!—El año que empieza es el mismo que ya conocemos. ¡Es ese traje de cuatro remiendos, que han llevado todos los hombres, todas las generaciones, todos los siglos! Es el arlequín de las cuatro Estaciones.
Es un cómico que murió anoche sobre las tablas y que hoy principia á representar la misma tragedia. Es la propia tragedia, si queréis, cuyo argumento no puede ya interesar á casi nadie.
Y, si no, recordemos algunas escenas.
II.
Cuando en el mes de Noviembre próximo se vista de luto el Año para representar el último acto de la tal tragedia; cuando las hojas que aún no han brotado hoy caigan al suelo marchitas...—porque brotarán y caerán según costumbre;—cuando los tísicos y los pámpanos vuelvan á la madre Tierra, dejándonos, aquéllos sus obras, si son artistas, y éstos su vino, sus uvas ó sus pasas..., los estudiantes de medicina que hayan sido aplicados tendrán un año más de carrera, lo cual llenará de orgullo á sus señores padres, que dirán muy sériamente, como si esto no fuese un absurdo: Mi chico no ha perdido el año.—Y, en efecto: su chico sabrá cómo se respira y se digiere, y hasta quizás dónde reside el alma, y las relaciones de ésta con los nervios...; de cuyas resultas padecerá las mismas enfermedades que los demás hombres; habrá ganado un año universitario y perdido otro de vida, y se morirá como esos gladiadores que, al espirar, dicen á su enemigo: «Me ha matado V. en cuarta.»
Mas no seamos tan descorazonados. Puede que el año neófito encierre algo más agradable que lo conocido hasta aquí. ¡Quién sabe si, durante él, variará la forma de los cuellos de camisa ó la situación de Europa; lo cual, al llegar otro San Silvestre, nos consolará de tener una arruga más ó un cabello menos!
¡Esperemos, señores! En un año nuevo pueden suceder muchas cosas nuevas. V. gr.: El año difunto ¡bendito sea él! ha respetado la vida de algunas personas que amamos... (¡Año misericordioso! ¡Ha preferido su propia muerte!—¡Parárase el tiempo, aunque no conociésemos las modas que han de venir, los reyes que han de reinar y los grandes inventos que aún me prometo del hombre, y no correrían peligro de morir nuestros padres, hermanos y novias!) Pero el tiempo no se para; el tiempo vuela. Tenemos año nuevo: preparad los lutos; si no para este año, para el que viene; si no para el otro. ¡Pensad, en fín, que cada 1.º de Enero es una amenaza!—Ahora: si queréis libraros de estos disgustos, podéis moriros de antemano.
¡Salud á 1859! ¡á la nueva incógnita! Pero ¡haga Dios que la historia no lo registre en sus páginas; que la historia es casi siempre una lección inútil, escrita con lágrimas y sangre!
He reparado que los niños se burlan de los viejos.